El año 2025 quedará marcado como un ciclo de profunda transformación y relevancia para el mercado de seguros en Brasil, especialmente en el sector de automóviles. Impulsado por hitos regulatorios históricos, avances tecnológicos acelerados y una nueva conciencia del consumidor, el sector no solo demostró resiliencia, sino que también trazó un nuevo rumbo para el futuro. Fue un año decisivo en la regulación del sector, con dos leyes que ponen al consumidor en el centro, prometiendo más seguridad, garantías y transparencia. Por otro lado, ambas también impusieron nuevos retos operativos y estratégicos para todo el mercado. La primera de ellas fue la Ley Complementaria 213/2025, promulgada en enero, que reguló la actuación de las asociaciones de protección vehicular, ahora denominadas «Protección Patrimonial Mutualista». Al pasar a la supervisión de la SUSEP, estas entidades salieron de una zona gris —porque implicaba incertidumbres o indefiniciones sobre su forma de actuar— y se encaminaron hacia la seguridad jurídica que la nueva normativa aportó a los consumidores. Sin embargo, el punto más discutido a lo largo del año fue la creación de la figura jurídica de las Administradoras. Estas empresas serán responsables de la liquidación de siniestros, la gestión del reparto de costes y la administración de las provisiones técnicas y de riesgo. Este nuevo requisito generó uno de los debates más intensos de 2025: ¿deberían las asociaciones abrir su propia administradora? Impulsado por interpretaciones precipitadas, el mercado vio un movimiento inicial de entusiasmo. Sin embargo, la especulación que prevalece es que esta decisión requiere mucha más cautela. Abrir una administradora implica altos costos, una gran complejidad regulatoria y una estructura de gobernanza sólida. Quedó claro que no se trata de una solución única, y que la profesionalización de la gestión puede darse por diferentes vías, incluyendo modelos externalizados o híbridos.
Por su parte, la Ley 15.040/2024, también conocida como «la nueva Ley del Contrato de Seguros», entró en vigor más recientemente, en diciembre. Moderniza las relaciones contractuales, pero su mayor impacto reside en el rendimiento operativo que exigirá a las aseguradoras. Con plazos más cortos y normas más exigentes, la aprobación de siniestros deberá ser más ágil, lo que obligará a las compañías a reestructurar sus procesos de principio a fin. Sin embargo, también ha dejado un legado de retos prácticos que marcarán los próximos años: la coexistencia de dos regímenes jurídicos. Las pólizas contratadas antes de diciembre de 2025 seguirán la legislación anterior, mientras que las nuevas ya se regirán por la nueva ley. En la práctica, esto significa que las corredurías y las aseguradoras operarán con normas diferentes simultáneamente, lo que convierte el asesoramiento correcto al cliente en una nueva y crucial responsabilidad.
Por lo tanto, considero que el año 2025 será un punto de inflexión. La combinación de un nuevo y exigente marco regulatorio con la aceleración de la transformación digital sitúa a Brasil en un nuevo nivel de madurez.
El camino hacia 2026 está trazado y será desafiante. La principal oportunidad reside en utilizar la tecnología para resolver las complejidades operativas impuestas por las nuevas leyes. El sector que prosperará será aquel que comprenda que la verdadera innovación reside en la capacidad de ser ágil, transparente y eficiente, manteniendo al consumidor, ahora más protegido, en el centro de todas las decisiones.
Fuente: Agência Pauta VIP – assessoria de imprensa
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