La posibilidad de una escalada prolongada del conflicto en Medio Oriente y sus efectos sobre el tránsito por el Estrecho de Ormuz reavivó las preocupaciones sobre el impacto que un shock energético podría tener en la economía mundial. En ese contexto, un análisis elaborado por el abogado y especialista en derecho administrativo y políticas tecnológicas Dr. Román Alberto Uez sostiene que Argentina enfrenta un escenario de doble cara: mayores riesgos macroeconómicos en el corto plazo, pero también una oportunidad histórica para consolidarse como proveedor global de energía, alimentos y minerales estratégicos.
El Estrecho de Ormuz concentra cerca del 20% del comercio mundial de petróleo. Una eventual interrupción de ese corredor elevaría los costos del transporte marítimo, impulsaría los precios internacionales de la energía y tendría efectos sobre la inflación, el crecimiento económico y la seguridad alimentaria a escala global.
Una economía vulnerable frente al contexto internacional
El informe advierte que Argentina llega a este escenario con una situación macroeconómica delicada. Entre los principales factores de vulnerabilidad menciona la debilidad de las reservas internacionales, los elevados compromisos de deuda y la dependencia del financiamiento externo.
Según el análisis, un contexto internacional de mayor aversión al riesgo podría traducirse en un aumento del riesgo país, mayores dificultades para refinanciar deuda y un encarecimiento del acceso al crédito.
El trabajo también cuestiona la metodología utilizada para medir el resultado fiscal, al señalar que parte de los intereses de determinados instrumentos financieros emitidos por el Tesoro no se reflejan como gasto corriente, lo que —afirma— modificaría significativamente el resultado financiero efectivo.
El otro lado del escenario: recursos estratégicos
Más allá de los riesgos inmediatos, el documento plantea que Argentina cuenta con activos capaces de transformarla en uno de los principales beneficiarios de un cambio estructural en la economía global.
Entre ellos destaca:
El desarrollo de Vaca Muerta, con importantes reservas de petróleo y gas no convencional.
El peso del sector agroindustrial, responsable de más de la mitad de las exportaciones del país.
El potencial minero, especialmente en litio y cobre, minerales considerados esenciales para la transición energética.
El análisis sostiene que el aumento de la demanda internacional de energía, alimentos y minerales críticos podría mejorar las perspectivas exportadoras del país, siempre que existan condiciones para ampliar la producción y la infraestructura.
Financiamiento, el principal desafío
Uno de los apartados centrales del documento está dedicado al impacto financiero de un eventual agravamiento del conflicto.
El autor sostiene que una suba de las tasas de interés internacionales y un fortalecimiento del dólar podrían afectar especialmente a economías emergentes con elevada deuda externa.
En ese escenario, Argentina enfrentaría mayores costos para acceder a financiamiento, al tiempo que aumentaría la presión sobre las reservas internacionales.
Agro: costos más altos y mejores precios
El estudio describe un efecto mixto para el sector agropecuario.
Por un lado, un aumento del precio internacional del gas podría encarecer los fertilizantes, especialmente la urea, elevando los costos de producción.
Por otro, la incertidumbre internacional suele impulsar los precios de los alimentos, lo que podría beneficiar a un país exportador como Argentina mediante una mejora en sus términos de intercambio.
Energía y minería, los sectores con mayor potencial
El informe identifica al sector energético como el principal beneficiario de un escenario de energía más cara.
El crecimiento de la producción de petróleo y gas no convencional, junto con el desarrollo del gas natural licuado (GNL), podría posicionar a Argentina como un proveedor alternativo para mercados que buscan reducir su dependencia de Medio Oriente.
A ello suma el potencial de la energía nuclear, destacando el desarrollo del reactor modular CAREM como un activo tecnológico con proyección internacional.
En minería, el documento sostiene que el litio y el cobre representan una oportunidad de largo plazo debido al crecimiento esperado de la demanda mundial vinculada a baterías, electrificación e infraestructura energética.
Ciencia y tecnología como motor del desarrollo
Uno de los ejes centrales del análisis es el papel del sistema científico argentino.
El autor propone una mayor articulación entre universidades, organismos de investigación como el CONICET, el INTA y la CNEA, junto con empresas del sector energético, agropecuario y minero, para impulsar innovación aplicada y agregar valor a los recursos naturales.
Según el documento, el desafío consiste en evitar un modelo basado exclusivamente en la exportación de materias primas y avanzar hacia una economía sustentada también en el conocimiento.
Un fondo soberano inspirado en Noruega
El análisis propone además la creación de un fondo anticíclico financiado con parte de la renta extraordinaria generada por los recursos naturales.
Inspirado en el modelo noruego, el objetivo sería ahorrar durante los períodos de altos precios internacionales para financiar inversiones en infraestructura, educación, ciencia y tecnología, reduciendo la dependencia del endeudamiento externo durante los ciclos adversos.
Las prioridades planteadas
Entre las principales recomendaciones formuladas en el informe figuran:
acelerar las obras de infraestructura energética;
ampliar la producción nacional de fertilizantes;
mejorar la logística de transporte;
consolidar reglas estables para la inversión minera;
crear un fondo soberano de largo plazo;
fortalecer el vínculo entre ciencia, industria y producción;
preservar la estabilidad macroeconómica como condición para atraer inversiones.
Una oportunidad condicionada
Como conclusión, el documento sostiene que Argentina enfrenta simultáneamente un riesgo y una oportunidad.
Mientras una prolongación del conflicto en Medio Oriente podría profundizar las dificultades financieras de corto plazo, también podría aumentar el valor estratégico de los principales recursos que produce el país.
Para el autor, la diferencia entre aprovechar ese escenario o desperdiciarlo dependerá de la capacidad para sostener la estabilidad macroeconómica, ejecutar inversiones en infraestructura y desarrollar una estrategia de largo plazo que combine recursos naturales, ciencia, tecnología e innovación.
Fuente: Eikasia
Enlace: https://eikasia.com.ar/
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