Las repercusiones del terremoto registrado en Venezuela y el aumento de la frecuencia de fenómenos climáticos extremos han reavivado el debate sobre la cultura de los seguros y la gestión de riesgos en Brasil. Según la valoración de los expertos de Alper Seguros, este episodio ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades en la preparación de empresas y comunidades de propietarios, especialmente en la región norte, donde se llevaron a cabo evacuaciones preventivas de edificios tras sentirse el temblor en ciudades como Manaos, Belém y Macapá.
Aunque el riesgo de daños estructurales provocados por terremotos se considera bajo en el territorio brasileño, la correduría estima que el episodio ha puesto de manifiesto la escasa contratación de coberturas destinadas a eventos de esta naturaleza y a interrupciones de las operaciones.
Según Luciano Lima, vicepresidente sénior de Sucursales, Seguros Masivos y Líneas Personales de Alper Seguros, la ausencia de antecedentes de seísmos de gran intensidad ayuda a explicar la escasa demanda de este tipo de protección. «El mercado inmobiliario y corporativo en general no está preparado para situaciones como esta, al no existir antecedentes de sucesos de este perfil. Por ello, no tenemos demanda para este tipo de siniestros en el norte».
El ejecutivo también considera que la percepción de que este tipo de riesgo está alejado de la realidad brasileña sigue limitando la contratación de seguros específicos.
«Por desgracia, los brasileños siguen viendo estas situaciones como algo alejado de su realidad, lo que hace que los grandes episodios no se traduzcan en un aumento significativo de la demanda de protección. La cultura del seguro está creciendo, pero aún está lejos de los niveles de los países desarrollados. Tenemos que concienciar a la sociedad sobre la necesidad de protección y diseñar productos específicos para los perfiles y realidades regionales», valora Luciano Lima.
Para Alper, uno de los principales retos radica en la diferencia entre tener una póliza patrimonial y contar con una estructura de protección adecuada para garantizar la continuidad de las operaciones ante acontecimientos extremos. Según Fábio Ursaia, vicepresidente sénior de la compañía, muchas empresas centran la protección en los activos físicos y dejan en un segundo plano las repercusiones que conlleva la paralización de las actividades.
«La principal vulnerabilidad hoy en día no radica en la falta de seguro, sino en la falsa percepción de protección que genera la falta de comprensión. Muchas empresas creen estar debidamente cubiertas porque cuentan con una póliza de seguro patrimonial común, cuando, en la práctica, su mayor exposición radica en la interrupción de la actividad y en la pérdida de capacidad para generar flujo de caja», explica.
Añade que las repercusiones financieras de una interrupción prolongada pueden ser más graves que los daños materiales. «El seguro no evita la catástrofe, pero evita que esta se convierta en una crisis económica prolongada. Las empresas no suelen quebrar por haber perdido un edificio. Quiebran porque han perdido la capacidad de generar ingresos».
La correduría considera que el aumento de la frecuencia de fenómenos extremos ha acentuado la importancia de los análisis preventivos a la hora de definir las coberturas. «El papel de la consultoría ha cambiado profundamente. Antes, el debate principal giraba en torno a cuánto costaba una póliza. Hoy en día, la pregunta más relevante para un director financiero es cuánto cuesta interrumpir una operación durante semanas o meses», comenta Fábio Ursaia.
Para Luciano Lima, este proceso pasa por identificar los riesgos específicos de cada empresa y por adaptar las coberturas a las características de cada actividad.
«Nuestro papel estratégico en las sucursales consiste en fomentar esta concienciación mediante análisis rigurosos de las características de la actividad de cada empresa, identificando sus riesgos y las interrelaciones que puedan afectar a su ecosistema. Ofrecemos apoyo para cualquier tipo de necesidad mediante pólizas diseñadas a medida para segmentos y perfiles regionales, minimizando las pérdidas y garantizando la continuidad del negocio ante esta nueva realidad climática y geográfica», destaca.
Fuente: Revista Apólice
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