Fuente: Sonho Seguro
La Confederación Nacional de Aseguradoras (CNseg) ha desarrollado una metodología para establecer parámetros comunes que permitan identificar y clasificar los productos sostenibles en el mercado asegurador brasileño. La Taxonomía Sostenible del Mercado Asegurador (TSS) establece criterios para evaluar cómo los seguros, los planes de pensiones complementarios abiertos y la capitalización pueden contribuir a los objetivos medioambientales, sociales y climáticos, y busca mejorar la comparabilidad y la transparencia de la información presentada por el sector.
La iniciativa surge en un momento en el que el avance de las finanzas sostenibles aumenta la necesidad de criterios capaces de diferenciar los productos efectivamente asociados a beneficios medioambientales, climáticos o sociales de aquellos que solo utilizan referencias a la sostenibilidad en su comunicación. En este sentido, la metodología pretende reducir las asimetrías de información, aumentar la comparabilidad y mitigar los riesgos de «greenwashing».
Además de identificar lo que puede considerarse sostenible, la TSS establece un marco para evaluar cómo los seguros pueden fomentar prácticas sostenibles a lo largo de su cadena de valor. El análisis tiene en cuenta elementos como la cobertura, el objeto asegurado, el perfil del tomador y los incentivos que pueden influir en el comportamiento del asegurado. Dependiendo del ramo analizado, estos factores pueden tener un peso diferente en el proceso de clasificación.
Para Claudia Prates, directora de Sostenibilidad de CNseg, la TSS representa un paso decisivo para proporcionar criterios objetivos que orienten a las empresas en la identificación, adaptación y desarrollo de productos, procesos y prácticas sostenibles a lo largo de la cadena de valor de los productos.
«Con la creación de la Taxonomía Sostenible del Mercado Asegurador (TSS), buscamos estimular la innovación, ampliar la oferta de seguros sostenibles alineados con los objetivos de la Taxonomía Sostenible Brasileña (TSB) y sentar las bases técnicas para una eventual revisión de la normativa vigente. La propuesta consiste en reconocer, en cierta medida, aquellas prácticas que generan impactos socioambientales y climáticos positivos, pero que, según la normativa actual, aún no permiten que determinados productos se clasifiquen como sostenibles», afirma. De carácter voluntario, la iniciativa se ha desarrollado a partir de la integración entre la Taxonomía Sostenible Brasileña (TSB), la Resolución n.º 473/2024 de la CNSP y referencias internacionales.
Del pago de la indemnización al fomento de prácticas
Uno de los puntos centrales de la metodología es ampliar el análisis sobre la contribución del seguro más allá del objeto protegido por la póliza. La TSS parte de la idea de que el impacto socioambiental de un producto puede estar presente en diferentes puntos de la cadena, desde la suscripción y la gestión de riesgos hasta las coberturas ofrecidas, la relación con el cliente, los mecanismos de prevención y las prácticas de gobernanza.
Así, un seguro puede evaluarse no solo por el bien, la actividad o la empresa que protege, sino también por la capacidad de la aseguradora para potenciar resultados socioambientales positivos a lo largo de toda su actividad. La metodología tiene en cuenta, por ejemplo, prácticas e incentivos que animen al asegurado a adoptar medidas de prevención o procedimientos más sostenibles, asistencias y servicios complementarios contratados por separado, además de procesos internos, como la gestión de los bienes salvados y la logística inversa.
Un aspecto fundamental de la metodología es la distinción entre elegibilidad y clasificación. El hecho de que un producto pertenezca a una actividad considerada elegible según la taxonomía no significa automáticamente que pueda clasificarse como sostenible.
«La elegibilidad indica que el producto cumple los criterios iniciales establecidos por la TSS. La clasificación, por su parte, exige una evaluación adicional del cumplimiento de los requisitos y las prácticas sostenibles aplicables, además de la medición de indicadores que demuestren la eficacia de la contribución sustancial y la adopción de medidas que garanticen que el producto no perjudique de manera significativa otros objetivos socioambientales y climáticos», explicó Prates.
Los criterios incluyen la contribución sustancial y la prevención de daños
Para la calificación de los productos, la metodología adopta principios que también están presentes en las taxonomías internacionales y en la TSB. Uno de ellos es la «Contribución Sustancial», que busca identificar si el producto genera un impacto positivo relevante y cuantificable para uno o más objetivos socioambientales.
Otro es el principio de «No causar un perjuicio significativo» (NPS). Esto significa que un producto que contribuya a un objetivo determinado no debe, al mismo tiempo, causar un perjuicio significativo a otro. En caso de que se identifiquen posibles impactos negativos, deberán considerarse medidas para mitigarlos. El análisis se complementa con salvaguardias mínimas relacionadas, entre otros aspectos, con los derechos humanos, la biodiversidad y la preservación de los ecosistemas.
La aplicación de la metodología se llevará a cabo mediante una autoevaluación, realizada y documentada por las propias aseguradoras, con trazabilidad y generación de pruebas verificables. El proceso aporta mayor seguridad a las empresas, ya que, al señalar posibles incumplimientos de determinados criterios, permite a la aseguradora reevaluar la clasificación de sus productos. La autoevaluación también ayuda a identificar requisitos e indicadores que aún no se supervisan internamente, para que puedan empezar a ser objeto de seguimiento.
Tras el análisis, el producto que cumpla los criterios de elegibilidad y demuestre un cumplimiento significativo de los parámetros de evaluación y del principio de «no causar daño significativo» podrá clasificarse como sostenible. Por su parte, el producto que no cumpla los criterios de elegibilidad, pero que reúna características e indicadores capaces de fundamentar su impacto positivo, podrá clasificarse como «práctica de contribución», aunque no se considere sostenible.
Una lista de verificación orientativa ayuda a las aseguradoras en la evaluación de los productos, organizada en ejes que abarcan diferentes dimensiones de la operación del seguro. En la suscripción y la fijación de precios, por ejemplo, la metodología prevé la integración de aspectos de sostenibilidad en la evaluación de los riesgos de los clientes y en la fijación del precio de los productos. En materia de resiliencia, el análisis examina la capacidad del producto para adaptarse a diferentes escenarios de riesgo, especialmente ante los cambios climáticos y socioambientales. Por su parte, en el eje de la inclusión, se tienen en cuenta las necesidades de los colectivos vulnerables, las personas con discapacidad, los grupos minoritarios y las poblaciones con bajos ingresos.
Cuatro grandes segmentos
En esta primera fase, la TSS abarca cuatro grandes grupos. En Daños y Responsabilidades, se incluyen Automóvil, Patrimoniales Masivos, Patrimoniales de Grandes Riesgos, Vivienda, Transportes, Crédito, Garantía, Garantía Ampliada, Responsabilidad Civil, Rural y Riesgos Petroleros. En «Personas», se incluyen Vida, Prestatario, Accidentes Personales y Funeral.
En «Previsión Complementaria Abierta», se contemplan el PGBL y el VGBL. Por su parte, en «Capitalización», la metodología abarca las modalidades Tradicional, Filantropía con Premiación e Instrumento de Garantía.
La metodología prevé además una estructura de recomendaciones sobre Seguimiento, Información y Verificación (MRV). El objetivo es que las empresas puedan establecer procesos continuos para supervisar las actividades y revisar los criterios utilizados, además de elevar la calidad y la fiabilidad de la información divulgada por las empresas. La gobernanza deberá involucrar a los departamentos de las aseguradoras, las estructuras de la CNseg y otras partes interesadas, con ciclos de revisión previstos para incorporar los cambios normativos, las necesidades del mercado y las nuevas prácticas de sostenibilidad.
Para la directora de la CNseg, la TSS representa un paso más en la agenda de sostenibilidad del sector y reitera el papel de la Confederación como impulsora del mercado, conectando a los agentes y anticipándose a las tendencias.
«La CNseg ha tratado de anticiparse a las transformaciones que afectan al sector, ofreciendo a sus asociadas instrumentos que las preparen para un entorno cada vez más exigente en materia de transparencia y responsabilidad socioambiental. La TSS surge de este esfuerzo colectivo y del diálogo entre empresas, reguladores y especialistas. Más que un marco técnico de referencia, pone de manifiesto el compromiso del mercado asegurador de asumir un papel activo en la transición hacia una economía más sostenible y resiliente», afirma Prates.
Fuente: Sonho Seguro
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