Colombia se consolida como uno de los mercados estratégicos para AstraZeneca en América Latina, al posicionarse como el tercero en la región y concentrar cerca del 80% de los ingresos del Clúster Andino, según Alexandre Gibim, vicepresidente para Latinoamérica de la compañía.
El ejecutivo destacó que el país no solo recibe innovación, sino que desarrolla capacidades para adoptarla, con inversiones cercanas a US$400 millones, avances en diagnóstico temprano y el uso de inteligencia artificial.
¿Cuál es el balance en América Latina y particularmente en Colombia?
Latinoamérica se ha consolidado como una de las regiones más dinámicas para AstraZeneca y hoy es un motor clave de crecimiento. En ella convergen una alta carga de enfermedades crónicas, sistemas de salud en transformación y una necesidad creciente de que la innovación no solo llegue al mercado, sino a los pacientes. En ese contexto, la región ha mantenido un crecimiento sostenido, impulsado por un portafolio robusto y por el trabajo de la mano con los sistemas de salud para facilitar la adopción de la innovación.
En Colombia, el balance del último año ha sido particularmente positivo. Es el tercer mercado de AstraZeneca en Latinoamérica, después de Brasil y México, y dentro del Clúster Andino representa cerca del 80% de los ingresos. Esta relevancia se refleja en la continuidad del plan de inversión en el país, cercano a los US$400 millones en cuatro años, con foco en educación médica, fortalecimiento del diagnóstico oportuno y desarrollo del talento local.
¿Qué factores explican el crecimiento?
El crecimiento en salud no depende únicamente del ciclo económico, sino de la capacidad de responder a necesidades médicas no cubiertas y de hacerlo en línea con las prioridades de los sistemas de salud. Ahí es donde AstraZeneca ha construido una posición diferencial.
Este desempeño responde a varios factores. Por un lado, un compromiso sostenido con la ciencia y la innovación, que ha permitido expandir nuestro portafolio y pipeline. Por otro, una diversificación terapéutica alineada con la transición epidemiológica de la región, que está aumentando la carga de enfermedades complejas.
Hoy tenemos un foco claro en áreas como oncología, que concentra más del 40% de los lanzamientos previstos en el Clúster Andino, así como en enfermedades cardiometabólicas, respiratorias y raras. Y, por último, pero no menos importante, nuestro trabajo de manera articulada con el sistema para impulsar el acceso y mejores resultados para los pacientes.
Lo anterior se complementa con una inversión sostenida en investigación y desarrollo en la región, con más de 130 ensayos clínicos activos en Latinoamérica, lo que permite no solo traer innovación, sino generar evidencia local relevante para la toma de decisiones en salud.
¿Cómo se posiciona Colombia dentro de la operación regional?
En investigación e innovación Colombia es un mercado que representa una gran oportunidad pues ya hemos avanzado en iniciativas de diagnóstico temprano apalancados del uso de inteligencia artificial y en colaboración con hospitales e IPS.
Gracias a este trabajo colaborativo, hemos implementado procesos de tamizaje a cerca de 1,5 millones de personas, identificando más de 16.000 personas en etapas donde es posible intervenir de forma más efectiva. En específico, el Project Oculus ha completado más de 18.000 tamizajes, resultando en 242 pacientes en riesgo y 139 diagnósticos confirmados de Epoc. Nuestra meta es alcanzar los 100.000 tamizajes a finales de este año.
Esto refleja que Colombia no solo es un receptor de innovación, sino un mercado que está desarrollando capacidades institucionales para adoptarla e implementarla, con aprendizajes que pueden escalar a nivel regional.
Ejemplos como el uso de inteligencia artificial para el análisis de imágenes médicas o los modelos de tamizaje en salud pulmonar muestran la importancia de Colombia en nuestra región.
¿Cómo está respondiendo la compañía a la transición epidemiológica y qué retos específicos identifica en Colombia?
Este fenómeno exige avanzar hacia modelos que prioricen la prevención, la detección temprana y un manejo integral de las enfermedades, más allá de una atención centrada en etapas tardías. En ese contexto, AstraZeneca combina innovación científica con un trabajo activo en el fortalecimiento de los sistemas de salud.
En Colombia y la región, uno de los principales retos es la sostenibilidad de los sistemas, dado que las enfermedades crónicas implican atención de largo plazo. Por eso, es clave cerrar brechas en diagnóstico temprano y acceso oportuno, donde hay una oportunidad clara de mejorar resultados clínicos. Esto implica trabajar de forma articulada para mejorar rutas de atención, fortalecer la educación médica y aprovechar datos y tecnología, asegurando que la innovación llegue a tiempo a los pacientes.
Se habla cada vez más de pasar de cobertura a acceso efectivo en salud. Desde su experiencia, ¿qué está fallando en ese tránsito y cómo impacta eso los resultados en los pacientes?
Este es uno de los debates más relevantes hoy pues tener cobertura no necesariamente se traduce en acceso efectivo. En muchos países de la región, incluido Colombia, el desafío más allá de la afiliación es si el paciente puede recorrer el sistema de manera oportuna y se identifica que persisten cuellos de botella. Algunos son los tiempos de incorporación de la innovación, procesos administrativos complejos, brechas en diagnóstico temprano y rutas de atención poco integradas, esto genera ineficiencias que retrasan la atención.
El impacto es para los pacientes que enfrentan un empeoramiento de la calidad de vida, progresión de la enfermedad y peores desenlaces, y para el sistema que asume mayores costos asociados a intervenciones más complejas. En ese sentido, cerrar esta brecha no solo mejora resultados en salud, también tiene un impacto económico directo, al reducir hospitalizaciones evitables y el uso de recursos de alta complejidad.
En Colombia, el sistema de salud atraviesa tensiones financieras y estructurales. ¿Qué rol pueden jugar las farmacéuticas?
Considero que nuestro valor como farmacéutica está en acompañar a los sistemas de salud para fortalecer sus capacidades para una mejor gestión de la enfermedad. Cuando se diagnostica temprano, se interviene a tiempo y se evitan complicaciones, se reduce la presión sobre el sistema.
Esto implica no solo desarrollar innovación terapéutica, sino también trabajar de manera articulada para cerrar brechas en prevención, diagnóstico oportuno y continuidad del cuidado. Así, nuestros avances en innovación efectivamente se traducen en acceso real y en mejores resultados para los pacientes.
Aunado a ello, la evidencia muestra que intervenciones tempranas en enfermedades crónicas pueden reducir significativamente costos asociados a etapas avanzadas, haciendo que la sostenibilidad y la innovación no sean objetivos opuestos, sino complementarios.
¿Qué tan determinante es hoy la colaboración público-privada?
Es absolutamente determinante. Los sistemas de salud enfrentan desafíos que ningún actor puede resolver por sí solo, y la colaboración público-privada permite articular capacidades para ampliar el acceso y mejorar la eficiencia.
Por ejemplo, en iniciativas de concientización y tamizaje se puede acelerar la detección temprana, lo que cambia la trayectoria de la enfermedad y mejora los resultados en salud. En estos esfuerzos, la industria puede aportar en la generación de evidencia y conocimiento clínico. Otro frente clave es el uso de datos y tecnología pues una mejor integración de la información permite tomar decisiones más oportunas, optimizar recursos y mejorar la gestión de los pacientes.
Es decir, el rol de la industria no es sustituir al sistema, sino trabajar de manera complementaria para que funcione mejor y el paciente acceda a tiempo a las soluciones que necesita. Así, modelos que integran tecnología, datos y atención primaria han demostrado que es posible escalar soluciones sostenibles cuando existe alineación entre sector público, privado y actores locales.
¿Cómo debería incorporarse el concepto de equidad en salud en la formulación de política pública en salud?
La equidad en salud debe ser un criterio transversal en la toma de decisiones de política pública, no un componente aislado. Implica reconocer que no todas las poblaciones parten del mismo punto y que las políticas deben diseñarse para cerrar esas brechas de forma intencional. En el mismo sentido, incorporar equidad en salud implica también medir resultados de forma diferenciada, priorizando poblaciones vulnerables y territorios con mayores brechas.
En contextos electorales, la conversación suele centrarse en la financiación, pero la oportunidad está en ampliar el enfoque ya que es clave fortalecer capacidades en todo el territorio, acercando diagnóstico, tecnología y atención donde hoy no están.
Colombia cuenta con una base sólida en cobertura y el reto está en traducirla en acceso efectivo, con mejor articulación entre actores, uso de datos y procesos más ágiles que garanticen una atención oportuna.
¿Qué tipo de innovación están impulsando?
Trabajamos en soluciones que mejoren el diagnóstico oportuno, desde iniciativas de concientización hasta herramientas que faciliten la identificación de pacientes en riesgo. También en el uso de datos para entender brechas de acceso y apoyar la toma de decisiones clínicas y del sistema.
En Colombia, por ejemplo, ya hay aplicaciones en Epoc y cáncer de pulmón donde, a través de analítica y colaboración con instituciones, se han identificado pacientes con factores de riesgo antes de ser diagnosticados. Este tipo de innovación permite pasar de modelos reactivos a modelos predictivos, donde el sistema identifica riesgos antes de que la enfermedad progrese.
En enero se aplicaron 28.023 dosis de vacuna VPH frente a una meta de 66.034 establecida en Colombia.
¿Cuáles son los principales riesgos y oportunidades?
La región enfrenta un punto de inflexión por la transición epidemiológica de las enfermedades no transmisibles, lo que nos invita a tomar decisiones con visión de largo plazo.
Uno de los principales riesgos es que la discusión se limite a variables regulatorias o fiscales sin abordar el problema de fondo: el acceso real de los pacientes. En muchos países, las personas aún no llegan a los tratamientos que necesitan, especialmente en enfermedades de alta carga como el cáncer. La oportunidad, sin embargo, es significativa. América Latina puede dar un salto si logra integrar mejor prevención, diagnóstico temprano y tratamiento oportuno, apoyándose en tecnología, datos y mayor articulación entre actores.
Para la industria, la gran oportunidad es continuar siendo un socio activo del sistema, acompañando la evolución de los sistemas de salud para transformar la vida de los pacientes. Con base en ello, el reto será lograr este avance sin generar fricciones regulatorias que limiten la innovación, sino alineando incentivos para acelerar el acceso efectivo.
Fuente: Portafolio
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