Colombia dio un paso importante con la llegada de las finanzas abiertas, un sistema que permite a los usuarios compartir su información financiera con diferentes entidades, pero siempre con su permiso expreso. Esto significa que bancos, fintech y aseguradoras podrán intercambiar datos bajo reglas claras para ofrecer mejores productos, más competencia y servicios más ajustados a las necesidades reales de cada persona.
La idea central es simple: los datos financieros pertenecen al usuario, no a la entidad. Por eso, cada ciudadano podrá decidir qué información compartir, con quién y para qué propósito. Esto abre la puerta a créditos más accesibles, asesoría personalizada y la posibilidad de agrupar todas las cuentas en un solo lugar para tener mayor control del dinero.
Para el comercio electrónico y las compras en línea, este modelo facilita pagos más rápidos y seguros, mejorando la experiencia de compra. Además, personas que antes no tenían acceso al sistema financiero formal podrían beneficiarse, ya que datos como el pago de servicios públicos o el movimiento de pequeños negocios ahora pueden servir para construir historiales de crédito alternativos.
Seguridad y confianza, pilares del nuevo sistema
Para que las finanzas abiertas funcionen, la seguridad es fundamental. El nuevo decreto establece que ninguna entidad podrá cobrar por los datos del cliente y que el usuario podrá revocar su autorización en cualquier momento. Además, se implementará un sistema de doble consentimiento: primero autoriza la persona y luego confirma la entidad antes de compartir cualquier información.
Los expertos advierten que el éxito de este modelo dependerá de generar confianza en los usuarios. Por eso, será clave educar a la ciudadanía sobre cómo proteger sus datos, entender los beneficios y conocer los mecanismos de control disponibles. La ciberseguridad también juega un papel central, con medidas como autenticación fuerte y monitoreo constante para prevenir fraudes.
El reto principal no es solo tecnológico, sino cultural. Colombia viene de una tradición de desconfianza frente al uso de información personal, por lo que las entidades deberán trabajar en transparencia y comunicación clara. Si se logra este equilibrio, las finanzas abiertas podrían impulsar la inclusión financiera, reducir costos y dinamizar la economía. Si falla, se podrían ampliar los riesgos de seguridad.
Las autoridades y el sector privado trabajan en definir estándares técnicos y cronogramas claros para que el sistema entre en operación de forma ágil. Mientras tanto, la ciudadanía puede informarse a través de canales oficiales para entender sus derechos y prepararse para este cambio que promete transformar la relación entre las personas, sus datos y el sistema financiero en Colombia.
Fuente: Emisora Nueva Época
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