La Conferencia sobre el Clima de Belém (COP30) se ha celebrado en un contexto de fracaso mundial a la hora de mitigar las causas de los desastres globales, con los actuales planes climáticos (NDC) elevando el riesgo de aumento de la temperatura en 2,3 °C, muy por encima del objetivo de 1,5 °C fijado por el Acuerdo de París en 2015. El fracaso internacional a la hora de reducir las emisiones y garantizar financiación pública para la adaptación ha forzado una respuesta inmediata del mercado.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que 50.000 millones de dólares de la cantidad necesaria para la adaptación en 2035 deberían proceder del sector privado. Según la ONU, la financiación pública para la adaptación en los países en desarrollo es actualmente doce veces inferior a la demanda anual de 310.000 millones de dólares, lo que establece una brecha crítica que los seguros cubren a corto plazo.
Según datos del gobierno brasileño, este fracaso en la mitigación global se traduce en pérdidas inmediatas en Brasil. El país sufrió pérdidas de más de 150.000 millones de reales entre 2023 y 2024, afectando a más de 1.300 municipios. El número de desastres causados por las lluvias ha crecido un 222% en la última década.
Según el Sector de Seguros y el Gobierno del Estado, el reciente impacto económico de la tragedia de Rio Grande do Sul fue de 89.000 millones de reales, de los cuales sólo 6.000 millones estaban cubiertos por seguros. Esta brecha de protección de más del 90% demuestra la urgencia de que el sector actúe como herramienta inmediata de adaptación y resiliencia financiera.
"La realidad es que los acuerdos climáticos globales están dejando un vacío de financiación crítico. El sector asegurador no puede esperar a los objetivos de 2035; es la única herramienta que hoy ofrece la resiliencia financiera necesaria para que familias y empresas no quiebren ante fenómenos extremos. Somos el pilar de la adaptación a corto plazo", afirma Marcus Vinícius, CEO de Wiz Co.
Existen productos en el mercado asegurador que mitigan los riesgos del cambio climático a corto plazo, lo que repercute directamente en la sostenibilidad y los negocios:
- Seguros rurales: fundamentales para la seguridad alimentaria, ya que cubren las pérdidas financieras de los agricultores debidas a fenómenos como sequías o inundaciones graves. Al garantizar capital para la replantación o la continuidad de las operaciones, este seguro es vital para la resiliencia de la cadena de producción agrícola en un clima cada vez más volátil e impredecible.
- Seguros de propiedad empresarial y de pérdida de beneficios: son cruciales para la estabilidad económica y del empleo, ya que protegen los ingresos de las empresas tras las catástrofes. Además de cubrir los daños estructurales causados por vendavales e inundaciones, la interrupción garantiza el pago de los gastos fijos de explotación durante la parada. Esto permite a la empresa sobrevivir a las perturbaciones impuestas por las condiciones meteorológicas extremas.
- Seguros paramétricos: en términos de innovación, garantizan una evaluación más rápida y pagos basados en parámetros objetivos y predefinidos. Utilizan datos meteorológicos medibles, como las precipitaciones o la velocidad del viento, para activar automáticamente las indemnizaciones. Esta agilidad es esencial para una respuesta eficaz y oportuna en tiempos de crisis climática, optimizando la liquidez del mercado y acelerando la recuperación de las comunidades. "El principal desafío del sector es la medición y tarificación de las pólizas en un escenario de creciente y acelerada severidad de los eventos climáticos. Sin embargo, la urgencia de Brasil requiere algo más que promesas diplomáticas. Las negociaciones de la COP30 se centrarán en aumentar la financiación de la adaptación y en el debate sobre pérdidas y daños", añade Marcus Vinícius.
"Sin embargo, los seguros, con sus productos innovadores y tradicionales, ofrecen una solución de mercado que opera en la escala temporal de los fenómenos meteorológicos reales. Es esta acción inmediata la que garantiza hoy la supervivencia de empresas y comunidades, alineando la sostenibilidad financiera con la resiliencia nacional", concluye.
Fuente: Monitor Mercantil
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