El aumento sostenido de siniestros en México durante la última década ha puesto a prueba la capacidad financiera de las aseguradoras y evidenciado una contradicción estructural: los riesgos crecen más rápido que la cultura de protección. El presidente de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), Pedro Pacheco, informó que el número de eventos atendidos por el sector aumentó 40 por ciento en 10 años, al pasar de 5.07 millones en 2014 a más de siete millones en 2024, lo que refleja una mayor exposición a accidentes, fenómenos naturales y enfermedades.
Este incremento en la siniestralidad no sólo implica más reclamaciones, sino mayores costos para la industria y un impacto directo en la estabilidad financiera de familias y empresas. En 2024, las aseguradoras pagaron más de 529 mil millones de pesos en indemnizaciones, equivalentes a cerca de 1,500 millones diarios, una cifra que ha crecido 140 por ciento en términos reales desde 2015, impulsada por eventos como sismos, huracanes, la pandemia y fenómenos meteorológicos extremos.
Pedro Pacheco ha señalado que el seguro es un elemento clave para la movilidad social y la estabilidad económica, ya que, sin este instrumento, los proyectos personales y empresariales pueden interrumpirse abruptamente ante un accidente, enfermedad o desastre natural. Lo que se había logrado avanzar en el ahorro, las inversiones y el acceso al crédito se pierde cuando no existe una póliza que respalde el patrimonio.
El aumento de siniestros también está vinculado a cambios estructurales en el país. El crecimiento urbano, el aumento del parque vehicular y la intensificación de fenómenos climáticos han elevado la frecuencia de pérdidas materiales. Tan sólo en riesgos hidrometeorológicos, el promedio anual de indemnizaciones ha superado los 6,700 millones de pesos entre 2012 y 2024, y la AMIS advierte que esta cifra seguirá aumentando debido al cambio climático.
Pese a este panorama, el avance en la cultura del seguro ha sido limitado. Aunque la penetración del sector ha crecido y actualmente representa alrededor de 2.6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), la cobertura sigue siendo baja frente al tamaño de la economía y el nivel de exposición a riesgos. La propia AMIS reconoce que el crecimiento en el número de asegurados no ha sido suficiente para cubrir a la mayoría de la población, especialmente en sectores de ingresos medios y bajos.
Uno de los principales rezagos se encuentra en los seguros patrimoniales, particularmente los de vivienda. En la Ciudad de México, apenas 17 por ciento de las casas cuenta con protección, mientras que a nivel nacional la cifra es aún menor. Esta baja cobertura deja a millones de familias expuestas a pérdidas económicas que pueden tardar años en recuperarse, especialmente en zonas propensas a inundaciones, sismos o huracanes.
Históricamente, el seguro de vivienda ha sido uno de los menos contratados en México. En muchos casos, su adquisición está ligada a la obligatoriedad de créditos hipotecarios, lo que refleja que su contratación no responde a una cultura preventiva sino a una exigencia financiera. Cuando no existe un financiamiento de por medio, la mayoría de los propietarios decide no contratar protección.
Otro segmento con baja penetración es el de seguros patrimoniales y de responsabilidad civil, especialmente entre familias y pequeñas empresas. En muchos casos, la contratación de estos productos se percibe como un gasto prescindible y no como una herramienta de protección financiera. A esto se suma la falta de educación financiera y la alta informalidad laboral, que limita el acceso a seguros colectivos.
En contraste, los seguros con mayor crecimiento son aquellos vinculados a necesidades inmediatas o a requisitos formales, como los seguros de vida, gastos médicos y automóviles. El número de pólizas de accidentes y enfermedades ha aumentado significativamente en las últimas décadas, reflejo de una mayor conciencia sobre los riesgos de salud y la insuficiencia de los sistemas públicos para cubrir todos los gastos.
La AMIS reconoce que el aumento de siniestros ha contribuido a generar mayor conciencia entre la población, pero el avance sigue siendo desigual. La brecha entre el crecimiento de los riesgos y la contratación de seguros continúa siendo amplia, lo que representa un desafío tanto para el sector asegurador como para el sistema financiero en su conjunto.
Además, el propio comportamiento de los siniestros revela una paradoja. Mientras las aseguradoras han fortalecido su capacidad de respuesta y cuentan con el capital suficiente para enfrentar pérdidas, millones de personas continúan sin cobertura, lo que las obliga a absorber por sí mismas el impacto económico de eventos adversos.
Para el sector asegurador, el reto no sólo es atender el incremento en los siniestros, sino ampliar la base de asegurados y fomentar una cultura de prevención. El aumento de eventos adversos ha demostrado que los riesgos no son excepcionales, sino cada vez más frecuentes.
En este contexto, el crecimiento de la siniestralidad en México no sólo es una señal de alerta para la industria, sino un indicador de vulnerabilidad estructural. Mientras los riesgos aumentan y las indemnizaciones alcanzan niveles históricos, la falta de cobertura en amplios sectores de la población sigue siendo uno de los principales pendientes del sistema financiero mexicano.
Fuente: Yo Influyo
Enlace: https://www.yoinfluyo.com/mexico/analisis-economico/crecen-siniestros-40-aunque-no-el-aseguramiento/
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