Hoy en día, el seguro trasciende su función tradicional de garantizar indemnizaciones y se posiciona como un agente activo en la construcción de soluciones sostenibles. Su papel se ha vuelto clave para reducir las desigualdades sociales, proteger la vida y la salud, y apoyar concretamente la transición hacia una economía verde. Este fue el tema central de los debates en los dos paneles inaugurales de Casa do Seguro , una iniciativa impulsada por el Grupo Bradesco, que analizó el impacto del seguro ante la creciente relevancia del cambio climático y la necesidad de modelos económicos y sociales más resilientes.
Programa de paneles y temas centrales
Los paneles del lunes 10 se centraron en dos pilares fundamentales: «Seguros, cambio climático y sostenibilidad» y «Resiliencia e inclusión: el papel de los seguros en la protección de las personas». Ambos destacaron los seguros como un instrumento no solo para reparar daños, sino también para la prevención, la educación, la adaptación y la transformación social; aspectos esenciales en una realidad cada vez más marcada por eventos extremos y el acceso desigual a la protección financiera y la salud.
Cambio climático y nuevos riesgos para la salud
El físico Paulo Artaxo (USP) advirtió que el cambio climático ya constituye una de las mayores amenazas para la salud pública en este siglo, con efectos que van mucho más allá de las altas temperaturas. Las alteraciones en los patrones de lluvia, la propagación de vectores de enfermedades y la creciente presión sobre los sistemas urbanos y productivos demuestran la necesidad de enfoques integrados, en línea con el concepto de «Una sola salud» de la OMS, que vincula la salud humana, animal y ambiental.
A pesar de cinco décadas de advertencias científicas y una década desde el Acuerdo de París, las emisiones globales siguen aumentando, impulsadas principalmente por la quema de combustibles fósiles y la deforestación. Con el planeta ya 1,55 °C más cálido que en el período preindustrial, y temperaturas que superan los 2 °C en zonas continentales, Brasil podría experimentar aumentos de entre 4 °C y 4,5 °C, lo cual es especialmente preocupante en ciudades como Belém, que podrían volverse inhabitables en las próximas décadas.
Los impactos ya se están sintiendo de forma concreta: entre 2003 y 2022, las olas de calor causaron la muerte de 130.000 personas en Europa, mientras que en Brasil se registraron 48.000 fallecimientos adicionales relacionados con el aumento de las temperaturas. A nivel mundial, el 70% de los trabajadores están expuestos a riesgos climáticos crecientes. Ivani Benazzi, Superintendente de Sostenibilidad de Bradesco Seguros, también destacó el significativo aumento de brasileños afectados por inundaciones —de 21 millones a 48 millones entre 2020 y 2023—, atribuyendo parte de este incremento al agravamiento de los fenómenos meteorológicos extremos.
Enfermedades infecciosas y salud pública amenazada
El especialista en enfermedades infecciosas Celso Granato destacó la relación entre el cambio climático y las enfermedades infecciosas como «inequívoca y creciente». Detalló que el aumento de las temperaturas y las precipitaciones crea las condiciones ideales para la propagación de vectores como el Aedes aegypti, responsable de enfermedades como el dengue, el Zika, el chikungunya y la fiebre amarilla, además de exacerbar afecciones como la leptospirosis y el cólera. La cifra récord de casos de dengue en 2024 —6 millones— pone de manifiesto que este fenómeno es una realidad actual, con proyecciones de que empeorará ante fenómenos como La Niña.
Granato destacó que la vulnerabilidad afecta especialmente a los niños, los ancianos y las poblaciones pobres, incluso en países históricamente no afectados como Italia y Alemania, donde se están registrando nuevos casos de arbovirus. Considera que, además de la inversión en saneamiento básico y vacunas, la lucha concreta contra el cambio climático es la medida más eficaz y estructural.
Impactos psicológicos, muerte y sobrecarga del sistema sanitario.
Thaís Jorge, director médico de Bradesco Saúde, amplió el debate al demostrar que los efectos van mucho más allá de las enfermedades transmisibles. El cambio climático intensifica las enfermedades respiratorias, cardiovasculares y mentales, mientras que la frecuencia y la gravedad de los fenómenos extremos —como inundaciones y tornados— han provocado traumas psicológicos, ansiedad y estrés postraumático. El aumento de las temperaturas y los desastres naturales también causan descompensación en pacientes con enfermedades crónicas e incrementan los costos de la atención médica y la demanda de infraestructura adaptada tanto en el sector público como en el privado.
Hizo hincapié en la importancia de la información para la transformación conductual a gran escala y presentó la guía "Nuestro clima, tu salud", lanzada por Bradesco Saúde, para ayudar a la población a adoptar acciones prácticas de adaptación, prevención y autocuidado en escenarios de calor intenso, inundaciones y otros fenómenos extremos.
Desigualdad, protección financiera e inclusión: retos para los seguros.
La cobertura insuficiente fue uno de los puntos más destacados. Estevão Scripilliti, director de Bradesco Vida e Previdência, señaló que Brasil enfrenta simultáneamente transiciones climáticas, demográficas y tecnológicas. Esto plantea el reto de ampliar y adaptar las soluciones de seguros y pensiones, sobre todo porque solo el 18 % de los brasileños cuenta con seguro de vida y apenas el 8 % con planes de pensiones privados; cifras aún menores en las clases sociales C, D y E, más vulnerables a desastres y pérdidas financieras.
Scripilliti abogó por el desarrollo de productos personalizados y accesibles, una comunicación inclusiva (especialmente a través de las redes sociales) y la integración de asistencia médica, psicológica y financiera en las pólizas de seguro. El director también mencionó el Indicador Personal de Longevidad, un estudio creado para mapear los factores de bienestar y calidad de vida de las personas mayores, desde la salud física hasta la socialización, la prevención y el apoyo emocional.
El papel de los seguros frente a los desafíos globales.
El segundo panel, también moderado por Ivani Benazzi, se centró en las dimensiones económicas y sociales de los desastres y el papel estratégico de los seguros en este contexto. En 2024, las pérdidas mundiales por fenómenos meteorológicos extremos alcanzaron los 368.000 millones de dólares, pero solo el 40% estaba asegurado, lo que evidencia un déficit de protección de 211.000 millones de dólares y, en Brasil, una brecha aún mayor. La baja cobertura es especialmente grave en las regiones Norte y Nordeste y entre las poblaciones de menores ingresos.
En la práctica, los seguros deberían dejar de percibirse como un producto elitista para convertirse en una herramienta de inclusión y resiliencia. Bradesco Vida e Previdência trabaja para democratizar el acceso, ofreciendo microseguros desde R$ 2,50 y planes de pensiones sin comisiones de entrada. En 2024, pagó R$ 1.300 millones en siniestros e invirtió en fondos ESG (R$ 700 millones), telemedicina, apoyo psicológico y asesoramiento nutricional.
Ney Dias, presidente de Bradesco Auto/RE, destacó que en Latinoamérica, entre el 87% y el 95% de las pérdidas por desastres naturales no estaban cubiertas por seguros, una proporción mucho mayor que el 40% registrado en Estados Unidos. En Brasil, más de 700 mil millones de reales en pérdidas durante los últimos 11 años fueron absorbidas parcialmente por el sector público, y siete de los diez mayores desastres naturales ocurrieron en los últimos 15 años. El ejecutivo señaló iniciativas de la compañía como la respuesta rápida ante eventos, la indemnización ágil, el uso de datos geoespaciales y el desarrollo de coberturas innovadoras (por ejemplo, para vehículos eléctricos y sistemas solares).
Nuevas soluciones y el papel de liderazgo de Brasil en el cambio climático.
Paula Peirão (UNEP FI) destacó que el sector asegurador desempeña un triple papel en la lucha contra el cambio climático: gestor de riesgos, receptor de riesgos e inversor. Resaltó iniciativas innovadoras como los seguros paramétricos, la cobertura para la agricultura sostenible, la energía solar y la restauración ecológica, y citó la nueva Taxonomía Brasileña de Sostenibilidad como referencia para orientar las inversiones y los seguros hacia actividades con un impacto positivo.
Señaló que Brasil, con su alta biodiversidad y como sede de la próxima COP en la Amazonía, puede liderar el movimiento hacia una economía más verde, pero esto requiere una acción colectiva que una al sector financiero, las empresas, los gobiernos y la sociedad.
Caminos hacia el futuro: educación, innovación y acción colectiva.
Los panelistas coincidieron en que reducir la brecha en la protección del clima requiere esfuerzos en educación, innovación e integración de políticas públicas. Sugirieron:
Adopción de pólizas de seguro específicas para eventos extremos, con cobertura de ingresos temporales para los afectados.
Inclusión de trabajadores autónomos y propietarios de pequeñas empresas en planes de pensiones y seguros de vida.
Creación de un fondo nacional de ayuda en casos de desastre, inspirado en el fondo de pensiones FGTS (Fondo de Indemnización por Despido), con aportaciones obligatorias.
Compartir datos y experiencias entre compañías de seguros nacionales e internacionales, ajustando los modelos de riesgo a la diversidad regional.
Políticas públicas para fomentar el acceso a los seguros en las zonas y poblaciones más vulnerables.
Reducir la brecha de protección es, por lo tanto, mucho más que un desafío técnico; es una cuestión de equidad social y adaptación colectiva a una nueva realidad climática. En este contexto, los seguros resultan fundamentales para promover la resiliencia, proteger vidas y sentar las bases de una sociedad más inclusiva y sostenible, preparada para el futuro.
Fuente: CNSEG
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