El episodio anticipa mayores costos de financiamiento, presión sobre la rentabilidad y un entorno más restrictivo para el crédito.
La rebaja de la calificación soberana de Colombia por parte de S&P Global Ratings desató un efecto dominó inmediato sobre el sistema financiero, pues un grupo de al menos nueve bancos, varias aseguradoras clave y otras entidades vinculadas al mercado fueron castigadas casi en simultáneo, en un movimiento que refleja hasta qué punto el riesgo país sigue siendo la principal ancla de sus calificaciones.
El ajuste no fue selectivo ni respondió a debilidades individuales. Por el contrario, obedeció a la alta exposición de estas entidades a la economía colombiana, en un contexto de deterioro fiscal, déficits persistentes y menor previsibilidad en la política económica. Bajo ese marco, incluso compañías con fundamentos sólidos vieron recortadas sus notas.
Dentro del paquete de decisiones anunciado por la calificadora, destacan las rebajas a actores centrales del sistema como Bancolombia, Banco de Bogotá y Banco Davivienda, junto con entidades de desarrollo como Financiera de Desarrollo Territorial y Financiera de Desarrollo Nacional, además de holdings como Grupo de Inversiones Suramericana.
A este bloque se suman las aseguradoras, donde el impacto también fue inmediato. En particular, el caso de Cardif Colombia Seguros Generales resulta ilustrativo, toda vez que su calificación fue recortada a ‘BB’ desde ‘BB+’, no por un deterioro propio de su negocio, sino por la imposibilidad de desligarse del riesgo soberano, dada su concentración de activos en el país.
Cardif muestra un matiz relevante frente a otras aseguradoras y supera pruebas de estrés en moneda extranjera gracias a su capitalización y liquidez, lo que le permite ubicarse por encima del rating soberano externo, explicó S&P.
Este arranque marca el tono del episodio, pues más que un problema corporativo, se trata de un ajuste sistémico donde la rebaja del soberano redefine, hacia abajo, el techo crediticio de todo el mercado financiero colombiano.
Problema de entorno
En cuestión de horas, S&P Global Ratings trasladó el deterioro del soberano. a algunas de las compañías más representativas del sistema financiero colombiano.
El golpe también alcanzó a dos actores clave del mercado asegurador: Seguros de Vida y Seguros Generales Suramericana, cuyas calificaciones bajaron a ‘BB-’. En este caso, el factor determinante fue la alineación con el perfil crediticio del grupo y su fuerte exposición al país, precisaron desde la calificadora.
Aquí el elemento diferencial es que, pese a la rebaja, los perfiles crediticios intrínsecos permanecen sólidos. El grupo mantiene ventajas competitivas claras —marca, diversificación de ingresos y rentabilidad—, pero estas fortalezas quedan subordinadas al riesgo macro. En otras palabras, no es un problema de negocio, sino de entorno.
Filtro peligroso
El impacto más sistémico se observa en la banca. Nueve instituciones financieras fueron rebajadas, incluyendo a actores relevantes del mercado.
El denominador común en ese grupo vuelve a ser la dependencia estructural del riesgo soberano. En estos casos, la rebaja responde a la expectativa de que el deterioro fiscal del país termine filtrándose hacia la calidad de activos del sistema financiero.
Lo que explica ese efecto dominó se basa en tres factores estructurales. El primero de estos es la alta concentración doméstica, toda vez que la mayoría de las entidades financieras del país tienen una exposición predominante al mercado local. Esto implica que sus activos, ingresos y riesgos están muy ligados al desempeño macroeconómico del país.
Otro factor es la limitada capacidad de “desacople”. Según S&P, incluso compañías con métricas sólidas —capitalización, liquidez o rentabilidad— no pueden desligarse del todo del riesgo soberano si operan principalmente en el país, como es el caso de Cardif y Suramericana.
El tercer factor es el riesgo fiscal y macroeconómico creciente. Así las cosas, la rebaja soberana responde a un deterioro estructural que incluye déficits fiscales elevados desde 2024, mayor carga de deuda, menor recaudo y un entorno político que dificulta reformas fiscales. A esto se suma una política monetaria más restrictiva ante presiones inflacionarias.
Efectos de corto y largo plazo
Para los analistas de la calificadora el impacto de estas rebajas no es solo reputacional. Tiene efectos concretos sobre la operación y estrategia de las compañías.
Explican, por ejemplo, que un menor rating implica tasas más altas en emisiones de deuda, tanto en mercados locales como internacionales. A esto se suman mayores restricciones de acceso a capital, en la medida que algunos inversionistas institucionales tienen límites de exposición por calificación, lo que reduce la base de compradores de deuda.
También enfrentarán presión sobre márgenes, especialmente en bancos, donde el aumento en costos de fondeo puede no trasladarse completamente a tasas activas. Bajo ese escenario las entidades deben reforzar métricas de capital y liquidez para sostener confianza del mercado.
Pero más allá del efecto inmediato, el verdadero riesgo está en la dinámica futura. S&P advierte que el deterioro fiscal podría traducirse en mayor riesgo crediticio ante una desaceleración de la economía, pérdidas crediticias más altas entre 2026 y 2027, y debilitamiento de la rentabilidad por presión simultánea en ingresos y costos.
Si bien el panorama luce sombrío, el diagnóstico no es de fragilidad inmediata, advierte S&P. Las aseguradoras, por ejemplo, mantienen capitalización adecuada y los bancos conservan una estructura relativamente resiliente. Pero, el riesgo país vuelve a ser el factor dominante en la valoración del sistema financiero colombiano.
En este contexto, la trayectoria fiscal del gobierno será determinante. Si no hay señales claras de consolidación, la rebaja actual podría ser solo el inicio de un ajuste más profundo que afecte no solo a las instituciones financieras, sino al conjunto del mercado corporativo.
Fuente: MSN
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