Los fenómenos hidrometeorológicos dejaron de ser un riesgo eventual para convertirse en un costo permanente de la construcción. Hoy el clima impacta presupuestos, seguros, financiamiento y rentabilidad de los proyectos, advirtió Jaime Islas, líder de Ingeniería y Prevención de Riesgos en Sekura.
"El impacto financiero de esta tendencia ya es medible. En 2025, sin que México sufriera un solo huracán del calibre de Otis, la industria aseguradora terminó pagando alrededor de 11 mil 300 millones de pesos por daños derivados de fenómenos hidrometeorológicos, un incremento del 70 por ciento respecto al año anterior", comentó el directivo.
Agregó que la realidad climática modificó las reglas del juego: el clima se volvió una línea de costo tan real como el acero o el cemento e impacta directamente cada etapa del proyecto, desde la planeación hasta la entrega final.
El entorno para 2026 será particularmente desafiante debido al acelerado calentamiento global y a una probabilidad de 61 por ciento de un episodio de Súper El Niño, fenómeno que anticipa huracanes más intensos y eventos extremos encadenados, explicó.
Añadió que esto no es un hecho aislado, sino una tendencia clara en la que los promedios de pago se han duplicado década tras década. Las compañías aseguradoras han refinado su análisis de datos, lo que se traduce en un incremento sostenido de las primas.
A este costo se suma la inflación en materiales (entre 5 y 7 por ciento) y el encarecimiento de la mano de obra calificada, factores que, combinados con el riesgo climático, presionan la rentabilidad de los desarrolladores, explicó.
"Si uno traza el mapa donde está creciendo la inversión inmobiliaria industrial en México y lo superpone al mapa de riesgo climático, el resultado es casi calcado", advirtió.
Señaló que regiones como Monterrey, el Bajío y la Riviera Maya presentan una paradoja: son los polos de mayor inversión, pero también los de mayor exposición climática, ya sea por crisis hídricas, inundaciones o huracanes.
"Si uno traza el mapa donde está creciendo la inversión inmobiliaria industrial en México y lo superpone al mapa de riesgo climático, el resultado es casi calcado".
Inversionistas exigen análisis de riesgos
Jaime Islas señaló que los bancos e inversionistas han comenzado a exigir estudios técnicos de pérdida y análisis de riesgos más profundos para garantizar que el capital otorgado esté debidamente protegido. De ahí que la asesoría se ha vuelto fundamental.
Destacó que las evaluaciones de entorno permiten identificar exposiciones específicas —desde la cercanía a cuerpos de agua hasta riesgos sísmicos— para definir coberturas acordes con cada proyecto y evitar tanto sobreaseguramiento como vacíos de protección.
Asimismo, enfatizó que uno de los mayores peligros para la estabilidad financiera de las constructoras es la falsa sensación de seguridad que brinda una póliza de "Todo Riesgo Contratista" básica.
"Nadie tiene contratada una cobertura que paga el tiempo perdido. A esto se le llama pérdida de beneficios por retraso en la puesta en marcha o por retraso en la obra y es un endoso adicional a la póliza de un seguro de Todo Riesgo Contratista. Casi nadie la compra y, sin ella, la discusión se traslada al contrato y a las cláusulas del Código Civil Federal. Ahí se amplía el plazo de entrega, pero nadie está obligado a pagar la nómina ni la renta de la maquinaria", detalló.
Afirmó que esta brecha suele hacerse evidente cuando la obra ya está detenida por un siniestro, una situación que puede resultar devastadora para la liquidez de una empresa.
En el caso de las pequeñas y medianas empresas (Pymes), comentó que pueden sobrevivir a un daño material, pero difícilmente superarán una interrupción prolongada de sus operaciones si el seguro no cubre sus gastos fijos y responsabilidades frente a terceros.
Concluyó que la mejor estrategia frente al aumento de los riesgos climáticos sigue siendo la prevención.
"Invertir en prevención no le quita rentabilidad a un proyecto; al contrario, le baja el costo total del riesgo durante toda su vida útil", finalizó Islas.
Fuente: Reforma
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