La situación en el Golfo Pérsico ha despertado una creciente preocupación entre aseguradoras, corredores y empresas navieras ante el riesgo de una catástrofe ambiental si un petrolero llegase a hundirse en estas aguas. Este riesgo se intensifica en un contexto marcado por la tensión entre EE. UU. e Irán, donde la estabilidad de la región se encuentra en entredicho.
La costa que se extiende desde Kuwait hasta Qatar, caracterizada por sus altos rascacielos y lujosos complejos turísticos, representa un cambio drástico en comparación con la década de 1980, cuando la guerra entre Irak e Irán amenazó el comercio del petróleo. A pesar de esta transformación y el auge de la riqueza en la región, la infraestructura para hacer frente a un posible derrame de petróleo sigue siendo insuficiente.
Según un asesor de riesgos que prefirió permanecer en el anonimato, la región carece de la avanzada tecnología de limpieza de petróleo que se encuentra en países como Estados Unidos. Este vacío en capacidades ha llevado a que el mercado global de seguros no aborde adecuadamente los riesgos de contaminación, dejando sin respuesta a las empresas afectadas en caso de un derrame que contamine playas y destinos turísticos.
Desafíos en la cobertura de seguros
El seguro de casco, maquinaria y carga ha continuado disponible para las compañías navieras, incluso después de que se intensificaran los conflictos en la región. Sin embargo, el costo de estas pólizas ha aumentado considerablemente, llegando a ser de 4 a 6 veces más caro que la semana anterior, según informes de Marsh y Howden Group, dos de los principales corredores de seguros a nivel mundial.
A pesar de este incremento, fuentes indican que el compromiso del expresidente Trump de asegurar los petroleros y reactivar el comercio brindó cierta tranquilidad al mercado, sugiriendo que el gobierno estadounidense estaría dispuesto a ofrecer los apoyos apropiados. Sin embargo, el programa de reaseguro de 20 mil millones de dólares de la Corporación de Finanzas para el Desarrollo (DFC) está destinado únicamente a respaldar el seguro de casco, maquinaria y carga, sin mencionar la crucial cobertura de contaminación.
En la actualidad, el riesgo de contaminación y la posible paralización de los negocios se consideran un tipo de riesgo inconmensurable e, incluso, no asegurado, similar al que enfrentó EE. UU. tras los atentados del 11-S. En ese momento, el gobierno implementó la Ley de Seguro de Riesgo por Terrorismo (TRIA) en 2002 para ayudar a las aseguradoras a gestionar el riesgo catastrófico del terrorismo. Sin un respaldo similar para los riesgos ambientales, el comercio en el Golfo Pérsico podría seguir atrapado en un atolladero que ya afecta a su desarrollo económico.
Fuente: La República
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