La creciente complejidad de las cadenas de suministro ha situado este tema en el centro de las decisiones estratégicas de las empresas, impulsada por un panorama global de inestabilidad, aumento de los costes y mayor presión operativa. Un estudio de McKinsey de 2025 señala que el 82 % de las empresas globales vieron afectadas sus cadenas de suministro por nuevos aranceles y perturbaciones, con hasta un 40 % de las actividades operativas afectadas.
En sectores altamente dependientes de la logística y los proveedores, los impactos financieros ya son significativos. Un estudio de la IATA en colaboración con Oliver Wyman, publicado en octubre de 2025, estimó en 11 000 millones de dólares los costes adicionales a los que se enfrentaron las aerolíneas globales en 2025 debido a los cuellos de botella en sus cadenas de suministro. En Brasil, la relevancia del tema va de la mano del tamaño del mercado, con una cadena logística que mueve más de 120 000 millones de dólares, según estimaciones de la consultora internacional Ken Research. En este contexto, fallos puntuales como retrasos, impagos e incumplimientos contractuales empiezan a generar efectos en cadena, lo que amplía la búsqueda de mecanismos que aporten previsibilidad y seguridad a las relaciones comerciales.
Felipe Ramos, director ejecutivo y fundador de Granto Seguros, una insurtech especializada en seguros de garantía, sigue de cerca esta transformación y observa un cambio estructural en la forma en que las empresas gestionan sus operaciones. «Las cadenas han dejado de ser solo una cuestión de eficiencia logística y han pasado a representar un riesgo estratégico para el negocio. El problema no radica solo en las grandes interrupciones, sino en la falta de visibilidad sobre los riesgos acumulados a lo largo de la operación, lo que lleva a las empresas a reaccionar cuando el impacto ya ha alcanzado una magnitud considerable», afirma.
En los últimos años, la presión por la eficiencia y la reducción de costes ha llevado a muchas empresas a concentrar proveedores y operar con márgenes más ajustados, lo que ha aumentado la vulnerabilidad de las operaciones. Las tensiones geopolíticas, las fluctuaciones económicas y la inestabilidad regulatoria están ejerciendo presión sobre las cadenas globales y obligando a las empresas a anticipar las compras de insumos, revisar los contratos y ampliar los mecanismos de mitigación de riesgos. Esta tendencia pone de manifiesto que el riesgo ha dejado de estar asociado únicamente a eventos extremos y ahora incluye fallos recurrentes a lo largo de los diferentes eslabones de la cadena.
Ante este escenario, las empresas comienzan a incorporar soluciones financieras y tecnológicas a la gestión de la cadena de suministro. El seguro de garantía pasa a utilizarse no solo como un requisito contractual, sino como un instrumento capaz de alinear los intereses entre contratantes y proveedores, reducir los riesgos financieros y fortalecer la gobernanza. Soluciones como Granto Suppliers reflejan esta tendencia al integrar protección contractual, análisis de riesgo y tecnología en una única estructura, lo que permite una evaluación más acorde con la realidad de cada contrato, la emisión digital de garantías y el seguimiento continuo de las operaciones.
La solución ya ha sido validada en una prueba piloto en el sector de las telecomunicaciones, con un volumen contractual de 50 renovaciones de contratos de curva A con proveedores de servicios externalizados, que suman 180 millones de reales en valor global. Granto Suppliers formalizó 49 de las 50 garantías contratadas. La única operación realizada fuera de la plataforma acabó poniendo de manifiesto un riesgo invisible de las operaciones tradicionales: el proveedor optó por una póliza fuera de Granto, buscando un precio más bajo, pero fue víctima de un fraude de seguros. El documento entregado era un PDF falsificado, sin el endoso real de la aseguradora. El caso fue identificado mediante la validación documental de la plataforma y reforzó la idea de que la digitalización del seguro de garantía no solo reduce los costes, sino que también protege a las empresas contra riesgos jurídicos y financieros que a menudo solo aparecen cuando es necesario hacer valer la garantía.
La tecnología también reduce la fricción en etapas tradicionalmente burocráticas, disminuye el coste del capital circulante para los proveedores y amplía el acceso al seguro de garantía, incluso para las empresas más pequeñas. Con ello, se crea un entorno más transparente y eficiente, en el que los diferentes eslabones de la cadena operan con mayor seguridad sin comprometer la agilidad, lo que cobra especial relevancia en un contexto de costes elevados y menor tolerancia a los fallos operativos.
Para Felipe Ramos, este avance apunta hacia un nuevo modelo de gestión en las cadenas de suministro, más orientado a los datos, la integración y la prevención de riesgos. «Cuando la protección contractual pasa a formar parte de la estructura de la cadena, las relaciones dejan de ser reactivas y ganan en equilibrio. El seguro de garantía, aliado a la tecnología, permite a las empresas crecer con mayor seguridad, reducir las disputas y operar con mayor previsibilidad incluso en entornos complejos», concluye.
Fuente: Revista Cobertura
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