La campaña agrícola en Ayacucho atraviesa uno de sus momentos más críticos debido a la ausencia prolongada de lluvias durante diciembre, un escenario que pone en riesgo una parte significativa de las áreas sembradas y que ya genera preocupación entre productores y autoridades del sector.
De acuerdo con información expuesta por el especialista en gestión de riesgos William Torres, en la región se han sembrado alrededor de 94 mil 700 hectáreas en la presente campaña agrícola. Sin embargo, la falta de precipitaciones podría afectar entre el 40 % y 50 % de esa superficie, principalmente en cultivos como papa, maíz y cereales andinos, que dependen directamente del régimen pluvial.
El retraso de las lluvias ha alterado el desarrollo normal de los cultivos y ha reducido las expectativas de producción. En el campo, los productores enfrentan pérdidas potenciales que comprometen no solo su economía familiar, sino también el abastecimiento de alimentos en los mercados locales. La situación, advierte Torres, podría traducirse en un aumento de precios en los próximos meses si no se logra mitigar el impacto de la sequía.
Uno de los aspectos señalados es la limitada aplicación del Programa Presupuestal 0068, destinado a la reducción de la vulnerabilidad y atención de emergencias en el sector agrario. De acuerdo con lo expuesto, tanto el Gobierno Regional como los gobiernos locales cuentan con este programa, pero su ejecución no se ha orientado de manera efectiva a la atención de la sequía ni a acciones preventivas o de respuesta inmediata.
Asimismo, la falta de información sistematizada sobre los daños. Sin una base de datos validada desde los gobiernos locales y las agencias agrarias, resulta inviable sustentar una declaratoria de emergencia, mecanismo que permitiría canalizar recursos extraordinarios para atender al sector. A ello se suma la ausencia de planes de contingencia actualizados y la limitada ejecución de presupuestos destinados a la atención de riesgos climáticos.
El seguro agrario es otro factor que genera incertidumbre. Según lo expuesto, la indemnización actual —aproximadamente mil soles por hectárea— resulta insuficiente frente a costos de producción que, en cultivos como la papa, pueden superar los diez mil soles por hectárea. Además, hasta el momento no se registran productores indemnizados, pese a las pérdidas reportadas.
La problemática no es exclusiva de Ayacucho. A nivel nacional, el sector agrario enfrenta de manera recurrente los efectos de eventos climáticos extremos. Datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) indican que cada año se pierden miles de hectáreas de cultivos por sequías, heladas e inundaciones, con impactos económicos que superan varios millones de soles y afectan principalmente a la agricultura familiar, responsable de más del 70 % de los alimentos que consume el país.
Especialistas coinciden en que la atención oportuna de estos eventos depende de la articulación entre gobiernos locales, regionales y el Ejecutivo, así como de la asignación efectiva de recursos de emergencia y la mejora de los mecanismos de aseguramiento agrario. Mientras tanto, el avance del calendario agrícola reduce el margen de acción: los cultivos no esperan y las decisiones deben tomarse en tiempo real para evitar mayores pérdidas.
La sequía de este inicio de año vuelve a poner en agenda la vulnerabilidad del agro frente al cambio climático y la necesidad de respuestas institucionales rápidas y sostenidas para proteger la producción y la seguridad alimentaria en la región y el país.
Fuente: Jornada
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