Con la adopción generalizada de la tecnología, la ventaja competitiva pasa a depender menos de la implementación de la IA y más de la capacidad de orientarla hacia aplicaciones que generen ingresos, aumenten la competitividad y mejoren la experiencia de los clientes
La inteligencia artificial ya forma parte de la rutina de las aseguradoras brasileñas y el debate en el sector está empezando a cambiar de enfoque. En los últimos años, ha habido una gran tendencia a implementar el uso de la IA a cualquier precio. Ahora, lo que vemos es la necesidad de identificar dónde la IA puede generar un aumento de los ingresos y una ventaja competitiva, sin que los costes se disparen.
Según la valoración de Marcos Bonas, vicepresidente de Ingeniería, Arquitectura y Ventas de Zup, empresa tecnológica del grupo Itaú Unibanco, este cambio marca una nueva fase de madurez del mercado. «La IA ha dejado de ser un experimento aislado para pasar a formar parte del funcionamiento de las aseguradoras. El reto ahora no es solo poner la tecnología en marcha, sino decidir dónde crea realmente valor para el negocio. Las empresas que obtendrán mejores resultados serán precisamente aquellas que tomen decisiones más acertadas sobre su aplicación», afirma.
Esta percepción se ve reforzada por un estudio de la Confederación Nacional de Aseguradoras (CNseg). Según el estudio, alrededor del 80 % de las aseguradoras brasileñas ya utilizan la inteligencia artificial en sus operaciones. Su uso, que inicialmente se centraba en tareas repetitivas y procesos internos, influye hoy también en la rapidez y la calidad de la atención al consumidor final.
A pesar de su amplia adopción, los resultados siguen centrándose en la mejora de la productividad individual. La encuesta muestra que el 77 % de las aseguradoras califican los beneficios obtenidos con la IA como incrementales, es decir, orientados a la mejora de procesos ya existentes. El estudio también señala que el 84 % de las empresas no espera, por el momento, un aumento superior al 1 % en los ingresos derivados de esta tecnología.
Sin embargo, cuando la inteligencia artificial se implementa a gran escala, de forma integrada en los procesos empresariales y con un marco de gobernanza, los resultados son transformadores. Estudios de McKinsey & Company muestran que las aseguradoras que han logrado ampliar sus iniciativas de inteligencia artificial han registrado una mejora de hasta cinco puntos porcentuales en el control de pérdidas de sus carteras, un crecimiento de entre el 10 % y el 15 % en las primas de los nuevos contratos y un aumento de hasta diez puntos porcentuales en la retención de clientes en los segmentos más rentables. Los resultados indican que, cuando se aplica de forma estructurada, la tecnología puede ir más allá del aumento de la productividad individual y generar un impacto directo en los indicadores de negocio.
Bonas considera que la principal ventaja competitiva de las aseguradoras ya se encuentra dentro de las propias empresas: los datos acumulados a lo largo de años de actividad. «Los historiales de suscripción, siniestros y procesos judiciales representan un enorme patrimonio de información. El problema no es la falta de datos, sino la capacidad de organizarlos, conectarlos y transformarlos en mejores decisiones. Hoy en día, los datos han dejado de ser un tema exclusivo del área de tecnología y se han convertido en un activo estratégico del negocio», afirma.
Según el ejecutivo, gran parte de los proyectos de inteligencia artificial no se topan con dificultades debido a limitaciones tecnológicas, sino por la forma en que se estructura la información en las organizaciones. «La herramienta, por sí sola, aporta poco. El resultado se obtiene cuando existe un trabajo coherente y estructurado de gobernanza, una comprensión del origen y la calidad de los datos, y una alineación entre la tecnología y la estrategia de la empresa», afirma.
Para Bonas, el mercado de los seguros entra ahora en una fase más estratégica de la inteligencia artificial. «Durante mucho tiempo, la pregunta era cómo adoptar la IA. Ahora la cuestión pasa a ser dónde tiene realmente sentido». El rendimiento financiero depende de integrar la tecnología en los sistemas, reforzar la gobernanza y dar prioridad a los casos de uso que generan un impacto en el negocio. El cuello de botella ya no es el acceso a la inteligencia artificial, sino la capacidad de tomar buenas decisiones», concluye.
Fuente: Segs
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