Fuente: Seguro Visión
La posible intensificación del fenómeno de El Niño, el aumento de las temperaturas y el crecimiento de vegetación que posteriormente puede secarse elevan la preocupación de los sectores agrícola y forestal. Los gremios piden medidas preventivas adicionales, coordinación público-privada y decisiones oportunas para reducir la propagación del fuego y proteger vidas, viviendas y activos productivos. Para el sector asegurador, el escenario vuelve a poner en primer plano la prevención y la gestión del riesgo catastrófico.
La próxima temporada de incendios forestales comienza bajo señales de alerta. En el sur de Chile, los sectores agrícola y forestal están llamando a reforzar desde ahora las medidas de prevención, ante las proyecciones de altas temperaturas, fuertes vientos y una mayor disponibilidad de vegetación que podría convertirse en combustible durante los meses de verano.
La preocupación se concentra especialmente en La Araucanía, donde representantes de la Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco (SOFO), Agricultores de Malleco y la Corporación Chilena de la Madera (Corma) han insistido en la necesidad de anticiparse a las condiciones más adversas, en lugar de concentrar los esfuerzos una vez iniciadas las emergencias.
El riesgo se vincula también con la posible influencia de un episodio de El Niño fortalecido durante la temporada 2026-2027. Sin embargo, sus efectos concretos sobre las temperaturas, las precipitaciones y la ocurrencia de incendios siguen sujetos a la evolución de las condiciones meteorológicas. No se trata de dar por segura una catástrofe, sino de preparar los territorios para un escenario potencialmente exigente.
El llamado del sector productivo: prevenir antes de que llegue el fuego
En un seminario organizado por SOFO y Corma en Temuco, representantes de los sectores productivos y organismos de emergencia coincidieron en que no basta con aumentar los recursos destinados al combate de incendios. Es necesario adoptar medidas adicionales antes de que se presenten las jornadas de mayor peligro.
Ramón Figueroa, presidente del Departamento de Protección del Bosque de Corma, planteó la necesidad de contar con procedimientos de anticipación frente a condiciones extremas. Entre las propuestas expuestas figuran establecer protocolos de desconexión eléctrica preventiva y focalizada, restringir temporalmente actividades de riesgo, reforzar los patrullajes, fortalecer la preparación de las comunidades y facilitar el desplazamiento de maquinaria de emergencia.
El planteamiento apunta a una cuestión fundamental: cuando coinciden altas temperaturas, baja humedad y viento intenso, el margen para controlar un incendio puede reducirse drásticamente. Las decisiones deben estar tomadas antes de que se produzca la emergencia, con responsabilidades y procedimientos definidos.
La preocupación también fue abordada en una mesa de coordinación público-privada encabezada por la Delegación Presidencial de La Araucanía el 26 de octubre. En esa instancia participaron organismos de emergencia y representantes agrícolas para reforzar la preparación regional.
Desde SOFO, su secretario ejecutivo, Carlos Rojas, advirtió que los incendios no solo afectan los sistemas productivos, sino también las viviendas, los animales y las vidas humanas. El dirigente enfatizó la importancia de la responsabilidad individual, la prevención y la investigación para determinar el origen de los siniestros.
Más vegetación no significa necesariamente más seguridad
Uno de los factores que preocupa a los especialistas es el crecimiento de vegetación asociado a las precipitaciones. Aunque las lluvias favorecen las actividades agrícolas y la disponibilidad de agua, el posterior secado de pastizales, malezas y otros materiales vegetales puede incrementar la cantidad de combustible disponible para un incendio.
La combinación de vegetación seca, temperaturas elevadas, baja humedad y viento puede favorecer tanto la ignición como la propagación del fuego. Por eso, las labores de preparación de los predios deben comenzar antes del período de mayor riesgo.
Entre las medidas prioritarias están retirar malezas y residuos vegetales secos, mantener cortafuegos y fajas de protección, despejar los alrededores de viviendas e instalaciones, revisar los accesos para vehículos de emergencia y establecer protocolos para suspender faenas que puedan generar chispas en condiciones peligrosas.
Las quemas controladas, por su parte, deben ajustarse estrictamente a las autorizaciones, restricciones y condiciones establecidas por las autoridades competentes. Su realización no debe darse por segura simplemente porque exista una fecha habilitada en el calendario.
Un despliegue mayor, pero la prevención sigue siendo decisiva
El Gobierno presentó el 27 de octubre el Plan de Protección contra Incendios Forestales 2026-2027, con un presupuesto de $166.600 millones. La estrategia contempla recursos públicos y privados, 657 brigadas, más de 7.000 brigadistas y 133 aeronaves, además de equipamiento y sistemas de detección.
El sector forestal privado también aporta capacidades de vigilancia y combate, incluyendo brigadas, aeronaves, cámaras, maquinaria y camiones aljibe. Esta coordinación resulta particularmente relevante en territorios donde las plantaciones, los predios agrícolas, las viviendas y la vegetación natural comparten espacios y vías de acceso.
En La Araucanía, las autoridades regionales han informado de la preparación de 31 brigadas y nueve aeronaves, junto con trabajadores destinados a tareas preventivas, construcción de cortafuegos y protección de viviendas en zonas de interfaz urbano-rural.
El despliegue es relevante, pero no elimina el riesgo. La capacidad de respuesta puede verse sobrepasada cuando varios incendios se producen simultáneamente, especialmente si existen vientos intensos o dificultades de acceso.
Por ello, la prevención predial, la detección temprana, las alertas oportunas y la coordinación entre empresas, agricultores, municipios, organismos de emergencia y comunidades siguen siendo piezas esenciales para evitar que un foco inicial se transforme en un incendio de grandes proporciones.
La lectura aseguradora: el riesgo comienza antes del siniestro
Para las compañías de seguros, la preparación de esta temporada tiene implicancias directas. Los incendios forestales pueden generar pérdidas simultáneas en viviendas, instalaciones agrícolas, maquinaria, bodegas, infraestructura eléctrica, plantaciones y otros activos. Cuando el fuego alcanza zonas pobladas o industriales, también puede comprometer bienes que no se encuentran dentro de un bosque o una plantación.
La acumulación de pérdidas en un mismo territorio constituye uno de los desafíos centrales de la gestión aseguradora de catástrofes. No basta con evaluar cada propiedad de manera aislada: importa la concentración geográfica de los riesgos, la exposición a focos de incendio, la continuidad de los accesos y la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia.
En este contexto, las aseguradoras y los corredores tienen espacio para reforzar su trabajo preventivo con los asegurados. Las inspecciones de riesgo, la revisión de cortafuegos, la identificación de fuentes de ignición, los planes de emergencia, la protección de instalaciones críticas y la actualización de inventarios pueden contribuir a reducir la exposición y facilitar una respuesta más eficaz.
También resulta necesario revisar las condiciones de las pólizas, los límites, los deducibles, las exclusiones y las eventuales acumulaciones de exposición. La existencia de una póliza no sustituye las medidas de prevención ni garantiza que toda pérdida derivada de un incendio esté cubierta: el alcance de la protección depende del contrato y de las circunstancias del siniestro.
Para el mercado asegurador, el desafío consiste en integrar mejor la prevención en la relación con sus clientes y en la gestión de sus carteras, sin confundir la reducción del riesgo con la eliminación de este.
Anticiparse es una responsabilidad compartida
La temporada 2026-2027 exige que las decisiones preventivas se traduzcan en acciones concretas antes de que las condiciones meteorológicas alcancen sus niveles más críticos.
Los productores deben preparar sus predios; las empresas forestales, reforzar la vigilancia y sus protocolos operativos; las autoridades, coordinar recursos y alertas; y las comunidades, evitar conductas que puedan originar un incendio. Las aseguradoras, a su vez, pueden contribuir con evaluación de riesgos, recomendaciones técnicas y una mejor comprensión de las exposiciones acumuladas.
El llamado de los sectores productivos del sur es claro: no esperar a que se produzca una emergencia para actuar. En materia de incendios forestales, disponer de más brigadas y aeronaves es indispensable, pero reducir las posibilidades de ignición y limitar la propagación puede marcar la diferencia entre un incidente controlado y una catástrofe.
Para la industria aseguradora, la prevención no es un complemento de la cobertura: es una parte esencial de la gestión del riesgo. Y ante una temporada potencialmente compleja, anticiparse puede ser la medida más eficaz para proteger vidas, patrimonio y continuidad productiva.
Fuente: Seguro Visión
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