Para García, "sería ingenuo negar que la inteligencia artificial va a transformar muchos empleos", pero "el cambio no será 'menos personas', sino 'personas haciendo cosas distintas"
En los últimos años, todos los sectores se están transformando. Da igual que sea un sector en crecimiento o, por el contrario, uno tradicional y perfectamente establecido. La tecnología ha hecho que todas las actividades económicas, a nivel global, experimenten una serie de cambios de manera constante. Es por eso que ni la banca, ni el sector sanitario, ni el asegurador, ni el inmobiliario son ahora los mismos que hace diez años. Todo está en movimiento perpetuo.
Pero, ¿de qué manera se están produciendo todos estos cambios? Si aterrizamos esta transformación, ¿qué innovaciones concretas se están produciendo? Para obtener algunas respuestas, nos hemos juntado con Jorge García, directivo del sector asegurador y sanitario y, actualmente, emprendedor e inversor en los dos ámbitos.
PREGUNTA. ¿Está el sector asegurador viviendo un buen momento en nuestro país? ¿O los ha tenido mejores?
RESPUESTA. Está viviendo un momento razonablemente bueno, aunque no cómodo; son dos cosas distintas. Los datos de 2025 de Unespa han sido positivos en volumen de negocio, con crecimiento relevante tanto en no vida como en vida, y eso refleja que el seguro sigue siendo una industria muy sólida y muy pegada a las necesidades reales de las familias y de las empresas. Ahora bien, el contexto no invita a la complacencia. Hay más presión en costes, más exigencia regulatoria, más sensibilidad del cliente al precio y, al mismo tiempo, una expectativa cada vez mayor de servicio, personalización e inmediatez. Es un buen momento en términos de relevancia y demanda, pero también uno de los momentos más exigentes que hemos conocido en términos de transformación.
P. ¿Hay especiales diferencias entre el asegurado español y el extranjero?
R. Sí, aunque siempre conviene evitar caricaturas. En términos generales, el asegurado español ha sido históricamente más reactivo que preventivo. Valora mucho el seguro cuando identifica con claridad el riesgo, pero todavía hay margen para una cultura más anticipatoria, sobre todo en salud, dependencia, protección familiar o ciberprotección. "El asegurado español es más reactivo que preventivo" En otros mercados, especialmente en algunos del norte de Europa o anglosajones, existe una tradición más asentada de planificación preventiva y de aseguramiento ligado a la previsión patrimonial o personal. En España seguimos siendo muy buenos asegurando lo visible (el coche, la vivienda, la salud), pero todavía menos maduros en la protección de riesgos más sofisticados o de largo plazo. Quizás nos falte pedagogía o, simplemente, que se enseñe en los colegios. No creo que sea una cuestión de menor conciencia, sino de cultura financiera, de educación aseguradora y también de cómo el propio sector ha contado históricamente su propuesta de valor.
P. Usted ha pasado, como directivo, por varias grandes empresas de diversos sectores. Ahora, además, es emprendedor e inversor en varios proyectos. ¿Por qué dio ese paso?
R. Creo que es una evolución natural cuando llevas tiempo en un sector. Y si tienes el gusanillo emprendedor, como es mi caso, empiezas a identificar patrones, a entender mejor dónde están los cambios y a detectar oportunidades que quizás no siempre encajan dentro de estructuras más grandes. Para mí, hay una motivación clara que consiste en pasar de gestionar lo existente a participar en el diseño y la construcción de proyectos con una visión más directa. También tiene que ver con la forma de entender el riesgo. Cuando llevas años trabajando con él, aprendes que no se trata de eliminarlo, sino de asumirlo con criterio. Por ejemplo, en el ámbito sanitario, destacaría el proyecto en el que ahora estoy trabajando junto a Eliseo Vañó, especializado en medicina de imagen; y los dermatólogos Sergio Vañó y Álvaro González Cantero. El foco está en los fármacos biológicos para las enfermedades autoinmunes que afectan directamente al 7% de la población (hablamos de psoriasis, lupus, etc.). Estos proyectos combinan algo muy relevante: excelencia médica, especialización y una demanda creciente apoyada en tendencias estructurales del sector salud hacia servicios personalizados.
Otro proyecto es Foreomics, que fundé también junto a Eliseo Vañó. Nos anticipamos a una tendencia de fondo del sector sanitario: el uso real de la medicina predictiva con modelos apoyados en datos, biomarcadores y analítica avanzada. Podemos anticiparnos a la enfermedad mediante un algoritmo retrospectivo. Se trata de una herramienta capaz de detectar las causas más comunes de mortalidad, con sus probabilidades para cada persona, para poder anticiparnos a la enfermedad. Es pasar de tratar pacientes enfermos a pacientes sanos, precisamente para no enfermar. Sin duda, es un cambio de paradigma. El objetivo es estar, en 2027, implantados en más de cinco países.
P. ¿Y cómo inversor?
R. Participo en varias empresas. Por ejemplo, en una puntera de diagnóstico por imagen que hoy es el mayor centro de diagnóstico de cáncer de mama de la Comunidad de Madrid. También en una consultora del mundo de la salud para asesorar y supervisar operaciones estratégicas, modelos operativos y potenciales acuerdos de M&A. Creo que es importante combinar proyectos estratégicos con otros que también tengan una dimensión más personal. En mi caso, mi participación como accionista en la emisora de música electrónica Loca FM tiene ese componente diferente. Entrando en el accionariado de la mano del DJ Neil Solé, me di cuenta de que en el sector de la música todo se mueve en una ambiente mucho más amplio y más profesional. Entrar ambos en el accionariado de Loca FM, y con una participación significativa, nos ha ayudado después a lanzar otros proyectos muy vinculados con la comunicación y la consultoría en diferentes ámbitos. A esto en breve le vamos a sumar un libro de managment que hemos escrito conjuntamente. Mi ambición es participar en proyectos en salud con vocación de impacto y desarrollando iniciativas que no se queden en la teoría, sino que se traduzcan en soluciones concretas. El objetivo es claro: generar valor real, medible y sostenible en todo el ecosistema sanitario, contribuyendo a un modelo más eficiente, más preventivo y más centrado en las personas.
P. ¿Qué características se valoran más en un inversor?
R. Para mí, lo más importante es que haya alineación en cuatro niveles: valores, visión, horizonte y forma de trabajar. Siempre digo que los negocios tienen alma, y eso significa que debe existir una alineación clara en los valores y la ética. No se trata solo inyectar capital. Un buen inversor, además, entiende el proyecto, aporta criterio y tiene una visión de largo plazo. Especialmente en sectores como la salud, donde los tiempos no siempre son inmediatos. También considero clave que quien invierte comprenda que el capital no es un fin en sí mismo, sino un vehículo para generar valor real en el mercado. Y, por supuesto, que confíe en el equipo. Porque al final son las personas las que sacan adelante los proyectos.
P. En las dos últimas décadas, la digitalización y la tecnología han llegado a la práctica totalidad de los sectores. ¿También al asegurador?
R. Sí, sin duda, y además de forma profunda. Otra cosa es que desde fuera a veces no se perciba tanto como en banca o retail. La digitalización ha impactado en distribución, suscripción, atención al cliente, tramitación de siniestros, prevención del fraude, analítica de cartera y diseño de producto. Quizá el sector asegurador ha avanzado algo más despacio que otros sectores de consumo masivo en la capa visible, pero en la capa operativa y analítica lleva años invirtiendo mucho. Desde mi punto de vista, hay una razón estructural: el seguro vive de gestionar información, probabilidades y comportamiento. Eso lo convierte, casi por naturaleza, en un negocio muy compatible con la digitalización.
P. ¿Y la IA? ¿También se está aplicando?
R. Sí, ya se está aplicando y cada vez más. No estamos hablando de una tecnología futura, sino presente. Se está usando en evaluación y segmentación de riesgos, apoyo a la suscripción, detección de fraude, automatización documental, atención al cliente, gestión de siniestros y modelos predictivos de comportamiento.
Además, la IA generativa abre una nueva capa de eficiencia en tareas de soporte, redacción, consulta, clasificación de información y asistencia a empleados y mediadores. La Eiopa publicó en 2025 una opinión específica sobre gobernanza y gestión del riesgo de la IA en seguros, precisamente porque su uso ya es una realidad extendida en la cadena de valor. Mi impresión es que la IA no va a ser una pieza más: va a convertirse en una infraestructura transversal del negocio asegurador.
P. A corto o medio plazo, ¿hay otros usos que ahora no se estén dando, pero que se vayan a dar?
R. Sí. Creo que vamos hacia un seguro mucho más predictivo, mucho más contextual y mucho más continuo. Vamos a ver una mayor capacidad para anticipar momentos de riesgo, no solo para reaccionar cuando ya se han producido. En salud, por ejemplo, eso significa identificar mejor los perfiles de riesgo y diseñar itinerarios preventivos de salud. En hogar o auto, significará modelos más conectados a datos en tiempo real. Y en la relación con el cliente veremos experiencias mucho más conversacionales, personalizadas y proactivas. "Con la IA, vamos hacia un seguro mucho más predictivo, contextual y continuo"
P. La pregunta del millón: ¿acabará con empleos en el sector?
R. Va a transformar empleos, seguro. Y algunas tareas desaparecerán o se reducirán drásticamente. Eso sería ingenuo negarlo. Pero yo no enfocaría el debate solo en términos de destrucción de puestos. La IA va a automatizar mucha tarea repetitiva, administrativa o de bajo valor añadido, pero al mismo tiempo va a elevar la importancia de perfiles capaces de interpretar, decidir, supervisar, explicar y generar confianza. El verdadero cambio no será ‘menos personas’, sino ‘personas haciendo cosas distintas’. Habrá menos tiempo dedicado a tareas mecánicas y más necesidad de criterio, diseño, relación con el cliente, gobernanza del dato y supervisión ética y regulatoria del uso de la tecnología.
Fuente: El Confidencial
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