Se consolidan como una alternativa estratégica para iniciar un seguro educativo y planear el futuro sin endeudarse.
En Colombia, el acceso a la educación superior sigue siendo uno de los mayores retos financieros para las familias. Aunque existe una mayor conciencia sobre la importancia de planificar este objetivo, en la práctica aún persisten brechas entre la intención y la acción. El aumento sostenido en los costos de matrícula, manutención y materiales académicos, sumado a la volatilidad del ingreso familiar y a una cultura de ahorro todavía incipiente para fines educativos, hace que muchos hogares enfrenten este desafío sin una estrategia clara de largo plazo.
Planeación educativa
En este contexto, las cesantías surgen como una herramienta estratégica poco explorada para la planeación educativa. Al ser un ahorro obligatorio para los trabajadores formales, representan una base natural para estructurar un proyecto financiero con propósito. Más allá de su uso tradicional ante el desempleo o contingencias laborales, hoy pueden convertirse en una “llave” para garantizar la educación superior de los hijos desde etapas tempranas.
“Desde la expedición del Decreto 1562 de 2019, las cesantías pueden destinarse a la adquisición de Seguros Educativos, lo que permite a las familias prepararse para el costo futuro de la universidad sin necesidad de endeudarse ni afectar su flujo de caja”, explica Felipe Daza, presidente de Global Seguros. Para el directivo, esta posibilidad transforma un recurso que ya existe dentro del sistema formal de ahorro en una inversión social y familiar con propósito claro.
Esta visión ampliada de las cesantías se ha consolidado como una solución práctica y acompañada. El proceso para utilizarlas como parte de pago de un seguro educativo es sencillo: una vez la familia define el plan, la compañía emite una certificación que especifica el destino de los recursos. Con este documento, el tomador se acerca a su fondo de cesantías y solicita que el valor sea girado directamente a Global Seguros como pago de la póliza. Incluso, es posible combinar las cesantías del padre y de la madre para fortalecer el plan educativo.
Algunas ventajas
Frente a otras alternativas de ahorro o financiamiento, el Seguro Educativo ofrece ventajas diferenciales. A diferencia de los créditos educativos, que suelen adquirirse cuando el gasto ya es inminente y generan cargas financieras altas, este instrumento permite estructurar el proyecto desde el inicio, con un objetivo definido y un horizonte de tiempo claro. Además, reduce la necesidad de endeudamiento y evita presionar el presupuesto mensual de la familia.
Otro valor agregado es su componente de protección. Ante un imprevisto que afecte al tomador, la póliza garantiza la continuidad del proyecto educativo, asegurando que los recursos destinados a la formación del niño no se pierdan. “Esto convierte al seguro no solo en un mecanismo de acumulación de dinero, sino en una solución integral que protege uno de los objetivos más importantes del hogar”, señala Daza.
Tranquilidad financiera
El impacto de este tipo de soluciones va más allá de lo financiero. Para los padres, representa eliminar la incertidumbre que suele acompañar el crecimiento de los hijos y ganar tranquilidad al saber que la universidad ya está cubierta. Para los beneficiarios, significa no poner límites a sus aspiraciones profesionales, al contar con un respaldo que garantiza su acceso a la educación superior.
“El mensaje para los padres es claro: hoy tienen en sus manos una oportunidad valiosa para empezar a planear sin hacer sacrificios inmediatos. Las cesantías no son solo un ahorro para contingencias; pueden ser el primer paso para construir un proyecto educativo sólido”, concluye Felipe Daza. Usar las cesantías de manera estratégica en un Seguro Educativo permite transformar un recurso existente en una inversión con propósito. Entre más temprano se comience, más manejable será el esfuerzo y mayor la tranquilidad en el futuro.
Fuente: Portafolio
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