El ecosistema fintech en Colombia está entrando en una nueva etapa marcada por un cambio de prioridades en la que tras varios años enfocados en el crecimiento acelerado y la inclusión financiera, las empresas del sector ahora enfrentan un reto más complejo que es lograr que ese crecimiento sea rentable. Con más de 400 startups en operación y una adopción digital en expansión, el debate ya no es cuántos usuarios se suman, sino cuánto cuesta sostenerlos.
Para los expertos, el país tiene buenas bases para que esta industria siga creciendo.
Durante años, el objetivo fue claro: abrir cuentas digitales, emitir tarjetas y captar usuarios en un mercado con alta demanda de servicios financieros. Ese impulso permitió que millones de personas accedieran por primera vez a productos digitales, consolidando a Colombia como uno de los mercados fintech más dinámicos de América Latina. Sin embargo, ese mismo crecimiento ha empezado a revelar tensiones operativas y financieras.
Fintech en Colombia enfrentan el reto de la rentabilidad
Ante esto, un análisis de Galileo sostiene que el cambio en la conversación del sector es evidente y que si antes el éxito se medía por la cantidad de cuentas abiertas, hoy los indicadores clave se centran en la eficiencia operativa, el costo por usuario activo y la capacidad de sostener el servicio en el tiempo.
Este mercado sigue ganando terreno entre los ahorradores colombianos.
Ante todo esto, la pregunta que empieza a dominar el debate es cuánto cuesta operar cada cuenta y qué tan viable es mantenerla activa sin comprometer la rentabilidad.
Este giro responde a una realidad estructural en la que crecer no siempre garantiza ingresos sostenibles y a medida que aumenta el número de usuarios, también lo hacen los costos asociados a la operación, la atención, la conciliación de transacciones y la gestión de riesgos. En ese escenario, las fintech que no logran controlar estos factores enfrentan una presión creciente sobre sus márgenes.
“La inclusión financiera sólo funciona si escala. El reto no es lanzar productos para miles de usuarios, sino construir una base que pueda soportar millones de transacciones sin que el modelo se vuelva insostenible”, explicó Abdul Assal, director de desarrollo de negocio para Brasil y Colombia en Galileo.
Infraestructura financiera define el crecimiento del sector
En este nuevo contexto, la infraestructura tecnológica se ha convertido en un factor determinante, puesto que el procesamiento financiero, conocido como processing, es la capa que permite operar cuentas, autorizar pagos y gestionar transacciones en tiempo real. Su diseño impacta directamente la eficiencia del negocio y la capacidad de escalar sin aumentar los costos de forma desproporcionada.
De esta forma, el mercado actual convive con dos enfoques en el que por un lado, soluciones ligeras que permiten lanzar productos rápidamente con requisitos básicos y por otro, infraestructuras más profundas, diseñadas para integrar controles de riesgo, adaptarse a la regulación y sostener operaciones a gran escala. La diferencia entre ambos modelos suele hacerse evidente cuando el crecimiento se acelera.
Muchas fintech logran despegar con sistemas ágiles, pero enfrentan dificultades meses después, cuando el volumen de usuarios y transacciones crece y en ese punto, aumentan los costos operativos, la complejidad de la conciliación y los riesgos de fraude, mientras la infraestructura inicial empieza a mostrar sus límites. Cambiarla en ese momento resulta costoso y disruptivo para el negocio.
De crecimiento acelerado a eficiencia operativa
El sector también está experimentando una evolución en su relación con el sistema financiero tradicional. De acuerdo con el informe, ocho de cada diez fintech han establecido vínculos con bancos, lo que refleja una mayor integración dentro del ecosistema. Esta colaboración permite ampliar capacidades, pero también eleva los estándares de operación y cumplimiento.
En paralelo, el uso de tecnologías como la inteligencia artificial está generando mejoras en eficiencia. Cerca del 66% de las fintech ya la incorporan en sus operaciones, logrando reducciones promedio del 44% en costos, una disminución del fraude superior al 57% y tiempos de atención más ágiles. Estos avances muestran que la eficiencia tecnológica es clave en la transición hacia modelos más rentables.
“El ecosistema financiero colombiano vive un momento que exige escala. Es decir, menos ideas aisladas y más productos capaces de adaptarse y trabajar en conjunto para resolver problemas mayores”, señaló Assal.
En este escenario, la rentabilidad depende tanto del crecimiento como de la capacidad de gestionarlo con control. Las fintech que logran construir una infraestructura sólida pueden convertir el volumen de usuarios en margen, mientras que aquellas que no lo hacen enfrentan un crecimiento que incrementa su complejidad operativa y pone en riesgo su sostenibilidad.
El mercado, en definitiva, está cambiando de lógica y si abrir cuentas digitales fue el primer paso, el desafío real ahora es mantenerlas activas, eficientes y rentables en el tiempo. En esa transición se definirá el futuro del sector fintech en Colombia.
Fuente: Portafolio
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