La falta de repuestos originales, talleres especializados y la volatilidad de las baterías de alto voltaje elevan los precios. Conozca los retos técnicos que enfrenta el mercado de seguros para vehículos de nuevas energías.
La transición hacia los vehículos eléctricos en Colombia avanza a pasos agigantados. Según cifras de ANDI y Fenalco, el segmento de vehículos BEV (Battery Electric Vehicle) registró un crecimiento superior al 171% en el primer trimestre de 2026. Sin embargo, este auge tecnológico ha destapado una compleja realidad paralela: el aseguramiento de estas unidades presenta desafíos técnicos y operativos que elevan los costos y retrasan la experiencia posventa.
El principal interrogante para el propietario de un BYD Atto 3 o un Zeekr X no es solo la autonomía o el rendimiento en el asfalto, sino qué sucede cuando la unidad necesita una intervención mecánica. La cadena de suministro de repuestos, la disponibilidad de personal certificado y la volatilidad del valor de las baterías son factores que encarecen las primas y prolongan los tiempos de espera en los talleres autorizados.
El talón de Aquiles de la electrificación: la batería
La pieza más crítica y costosa de un vehículo eléctrico es, sin duda, su paquete de baterías. La degradación natural por uso o por el simple paso del tiempo no suele estar cubierta por las pólizas de seguro convencionales. Estas garantías responden a eventos súbitos e imprevistos como colisiones, robos o incendios.
Sin embargo, un daño específico en las celdas de iones de litio —ya sea por un golpe fuerte que afecte la estructura o por un fallo en el sistema de gestión térmica— puede activar de forma inmediata la declaratoria de pérdida total. Técnicamente, el reemplazo de un paquete de baterías puede representar entre el 30% y el 50% del valor total del vehículo, una cifra que obliga a las aseguradoras a calcular primas de riesgo mucho más elevadas que las de un carro a combustión.
Repuestos de importación: el factor tiempo y costo
La falta de una cadena de suministro local robusta es otro cuello de botella para el aseguramiento. Componentes esenciales como los módulos de batería, los motores eléctricos o la electrónica de potencia deben ser importados directamente desde los centros de producción en China o Europa. Este proceso logístico, además de ser costoso, incrementa significativamente los tiempos de reparación.
En un país donde un vehículo de combustión puede tener sus piezas disponibles en cuestión de días, un eléctrico puede pasar semanas o meses inmovilizado en el taller. Esta demora afecta directamente la experiencia del asegurado, quien, al no contar con un vehículo de reemplazo adecuado o una indemnización oportuna, puede verse obligado a incurrir en gastos adicionales de transporte.
Talleres especializados: la necesidad de capital humano
La complejidad técnica de los vehículos eléctricos exige un personal con formación específica en sistemas de alto voltaje y protocolos de seguridad rigurosos. La falta de técnicos certificados en Colombia es una realidad que BYD, Nissan, GAC y Xiaomi están intentando suplir con programas de capacitación intensiva.
Sin embargo, la red de talleres especializados aún es limitada. Para un propietario de vehículo eléctrico, acudir a un centro no autorizado podría invalidar la garantía e incluso generar riesgos de seguridad. El desafío para las aseguradoras es integrar a estos talleres en su red de servicio, estableciendo convenios que garanticen la calidad de la intervención y la disponibilidad de herramientas específicas para el diagnóstico de fallas electrónicas.
El riesgo del ‘garaje prohibido’ y la gestión de riesgos
La situación se agrava cuando se consideran los incendios por fuga térmica. Aunque poco frecuentes, los incidentes donde las baterías de iones de litio se sobrecalientan pueden ser difíciles de controlar y suelen derivar en la pérdida total del vehículo. Las pólizas de seguro actuales no cubren la degradación natural de la batería, pero sí los eventos de incendio o explosión derivados de un accidente.
La entrada de nuevas marcas de eléctricos al mercado colombiano, como las mencionadas, es una oportunidad para que las aseguradoras ajusten sus modelos de riesgo. Es fundamental que se creen pólizas específicas que contemplen la volatilidad de los componentes eléctricos y que se establezcan convenios con los fabricantes para asegurar la disponibilidad de repuestos y la formación de técnicos autorizados.
El aseguramiento de los vehículos eléctricos no puede ser un apéndice del modelo de combustión; requiere una reingeniería total. Si las compañías de seguros quieren capturar este mercado en expansión, deberán invertir en conocimiento técnico y en redes de servicio que ofrezcan la tranquilidad que sus clientes necesitan. De lo contrario, el sueño eléctrico podría terminar convirtiéndose en una pesadilla financiera tras el primer siniestro.
Fuente: Revista Turbo
Enlace: https://www.revistaturbo.com/carros-electricos-avanzan-colombia-seguros/
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