Las autoridades ya alertaron que el fenómeno llegaría durante el trimestre junio-agosto.
Ante la llegada del Fenómeno de El Niño en 2026, las organizaciones en Colombia se preparan para enfrentar un panorama de riesgos climáticos que afecta tanto sus activos individuales como la estabilidad del sistema económico e institucional del país.
Rodrigo Suarez, Líder Regional de Clima y Sostenibilidad de Marsh, señala que para comprender el impacto de este fenómeno es necesario "ampliar la mirada y concebir todo como un sistema interconectado, en el que participan actores clave como proveedores, clientes, gobierno, comunidades, inversionistas y el entorno regulatorio".
Riesgos críticos: Energía, agua y seguridad alimentaria
El reporte técnico indica que la consecuencia más común de este fenómeno es la reducción en los niveles de precipitación, lo cual genera tres riesgos principales para el sector empresarial.
En primer lugar, se destaca la vulnerabilidad energética, dado que Colombia depende en más del 70% de fuentes hidroeléctricas para su distribución. Según Suarez, "esta dependencia expone a las organizaciones a una potencial restricción en el suministro eléctrico, con afectaciones directas sobre la continuidad operativa y los activos empresariales".
En segundo lugar, el abastecimiento hídrico representa un desafío logístico y operativo debido a que la ausencia de lluvias genera desabastecimiento en regiones estratégicas.
Bajo este escenario, los municipios deben activar planes de contingencia siguiendo los lineamientos del IDEAM. Finalmente, el tercer riesgo se concentra en la agricultura y la seguridad alimentaria, con alertas emitidas por entidades como el CIIFEN sobre la escasez hídrica y su impacto en la producción regional.
Esta situación "puede traducirse en alzas de precios, afectando directamente el bienestar de las comunidades donde operan las empresas".
Estrategias de prevención y gestión de crisis
Desde la perspectiva de la gestión de riesgos, se identifica que los eventos climáticos extremos son el mayor riesgo a corto, mediano y largo plazo para las organizaciones.
Frente a esto, se recomiendan tres acciones clave para mitigar impactos. La primera es la identificación estratégica de riesgos, que implica revisar la estructura interna y desarrollar planes de contingencia para escenarios de racionamiento hídrico o energético.
La segunda acción consiste en el diseño de planes de crisis que sean verificables bajo distintos escenarios de variabilidad climática.
Para lograrlo, se sugiere implementar ejercicios para "cuantificar las Pérdidas Máximas Probables, lo que permite identificar escenarios reales de impacto y establecer protocolos de continuidad del negocio". Como tercer punto, se insta a una revisión exhaustiva de las coberturas de seguros para verificar que incluyan eventos como la sequía y la interrupción del negocio.
Impacto sectorial: agroindustria y Salud
El sector agroalimentario requiere una gestión segmentada en tres etapas críticas. En la fase de producción, es necesario evaluar si se debe recolectar el producto antes de su máxima producción para evitar pérdidas mayores, utilizando para ello "seguros paramétricos" como mecanismo de mitigación financiera.
En la etapa de cosecha y venta, la prioridad es la infraestructura de transporte y el impacto en la logística marítima y fluvial. Para el almacenamiento, el desafío principal es "asegurar la continuidad de la cadena de frío y el suministro eléctrico ante olas de calor o racionamientos energéticos".
Por otro lado, el sector salud enfrenta retos específicos ante el aumento de temperaturas y la sequía. La falta de acceso constante a energía y agua puede comprometer los servicios, sumado a que se prevén "picos en la propagación de enfermedades con el Dengue o la Malaria" y un incremento en las urgencias médicas por "golpes de calor".
Herramientas de monitoreo y transferencia de riesgo
Para anticipar disrupciones, las empresas deben integrar herramientas de monitoreo climático que permitan proyectar el comportamiento del tiempo con precisión.
En los casos donde los riesgos no puedan ser mitigados totalmente, la recomendación técnica es la implementación de mecanismos como seguros paramétricos o la validación de pólizas multirriesgo que cubran tanto a la infraestructura como a las personas ante eventos extremos.
Según Suarez, este enfoque preventivo busca garantizar "un respaldo financiero que blinda y asegura la continuidad de la actividad principal de cada organización".
Fuente: Portafolio
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