Fuente: Revelación
Las autoridades conocen el problema. Saben que miles de familias dependen de una agricultura condicionada por las precipitaciones y que los cambios en el comportamiento climático incrementan los riesgos
La caída de 9 % en la producción de cultivos transitorios de Puno durante la campaña agrícola 2025-2026 no debería ser asumida como una estadística más. Es la consecuencia concreta de una realidad que se repite año tras año: granizadas, heladas, lluvias excesivas y déficit hídrico golpean al campo mientras la capacidad de prevención continúa siendo insuficiente.
Las autoridades conocen el problema. Saben que miles de familias dependen de una agricultura condicionada por las precipitaciones y que los cambios en el comportamiento climático incrementan los riesgos. Sin embargo, la respuesta sigue concentrándose demasiado en atender las pérdidas cuando estas ya ocurrieron, en lugar de reducir previamente la vulnerabilidad de los productores.
Los S/7.28 millones entregados mediante el seguro agrario a más de 19 mil productores representan un alivio necesario, pero no pueden convertirse en la principal estrategia frente a una amenaza permanente. Indemnizar después de una emergencia permite recuperar parte de lo perdido, pero no evita que se pierdan cosechas, ingresos, alimentos y oportunidades.
La nueva campaña agrícola vuelve a plantear las mismas preguntas. Se proyecta instalar más de 346 mil hectáreas, pero la falta de lluvias ya genera incertidumbre y la intención de siembra disminuyó. Si el Senamhi advierte además una probabilidad de 45 % de precipitaciones por debajo del promedio entre enero y marzo, esperar a que llegue el desastre sería una irresponsabilidad.
Puno necesita proyectos que permitan almacenar agua, mejorar sistemas de riego, proteger cultivos y aprovechar eficientemente el recurso hídrico. También requiere investigación, asistencia técnica, semillas adaptadas y calendarios agrícolas construidos sobre información climática.
No basta con recomendar cultivos de periodo corto cuando la emergencia está instalada. La prevención debe comenzar mucho antes.
Cada campaña perdida afecta directamente a las familias y también compromete la seguridad alimentaria regional. Las autoridades tienen información suficiente para anticiparse. Lo que falta es convertir las alertas recurrentes en proyectos concretos, presupuesto y obras que permitan que el clima deje de ser una condena para los productores puneños.
Fuente: Revelación
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