Marcos Rodríguez, oficial en Desarrollo Rural de la Organización, destacó el potencial de crecimiento del país.
El posible regreso del fenómeno de El Niño pone a prueba la capacidad del agro colombiano para anticipar riesgos climáticos mediante información, seguros agrícolas y medidas preventivas que reduzcan el impacto sobre la producción.
En entrevista, Marcos Rodríguez, oficial en Desarrollo Rural de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), considera que el país tiene condiciones para ampliar su producción y responder al crecimiento de la demanda mundial de alimentos, siempre que fortalezca la productividad, la inversión y la agregación de valor en las cadenas agroalimentarias.
¿Qué perspectivas tiene la FAO sobre la agricultura en Colombia?
Las conclusiones surgen del informe ‘Ocde-FAO Perspectivas Agrícolas 2026-2035’, una publicación que se realiza desde hace 20 años a nivel global. En esta edición el gran énfasis del análisis se centra en la productividad del sector agropecuario.
Una conclusión importante es que, gracias al aumento registrado de la productividad, se espera un incremento de los ingresos agrícolas per cápita en un 9% en el próximo decenio. Esto pese al creciente aumento en el costo de los agroinsumos y de los precios de los productos agrícolas. Todos somos conscientes del impacto que se está evidenciando en el valor de los fertilizantes y de los costos en la logística, derivados de la guerra y la crisis energética.
¿Qué se espera de esa productividad?
Se espera que la mayor productividad esté relacionada con la incorporación de tecnologías en los países en el sector agropecuario. Como se indica en el informe, muchos países de ingresos medios en las regiones de América Latina, Europa del Este y Asia Oriental y Central atraviesan por una etapa de transición, al desplazarse de la producción agrícola intensiva en mano de obra hacia actividades y tecnologías más comercializadas e intensivas en capital.
Por otro lado, para la mejora de la productividad, se espera que en algunas regiones se deba ampliar la superficie cultivada y la ganadería.
También se evidencia que, en varios países, sobre todo los de ingresos medios, la demanda de alimentos agrícolas y pecuarios tenga una tendencia de incremento de un 13% en los próximos 10 años. Toda esta coyuntura da una muy buena oportunidad para Colombia.
¿Por qué es una oportunidad para Colombia?
Porque Colombia, en particular, es de los pocos países que tiene la posibilidad de aumentar la superficie cultivada sin afectar zonas de reserva natural. Realmente hay una posibilidad de crecer en el sector.
Una de las oportunidades es la posibilidad que tendría Colombia de posicionarse como un país modelo de ganadería regenerativa, intensificando el enfoque de sistemas silvopastoriles, y aprovechando la Ley que se acaba de aprobar sobre Ganadería Sostenible y libre de deforestación. Para ello es necesario invertir más en los territorios, en mejoramiento genético, centros de frío y en los sistemas de trazabilidad.
Teniendo en cuenta la coyuntura internacional, ¿cómo se puede afectar a Colombia?
La crisis que se está generando actualmente, por las tensiones internacionales y el fenómeno del niño, no está completamente reflejado en esta perspectiva que recoge el informe. Sin embargo, se esperaría que, si se agudiza y se profundiza la crisis energética, haya un impacto en todo el sistema agroalimentario, particularmente, en el tema de transporte, la logística de los fertilizantes, y precio de los alimentos.
Colombia tiene que anticiparse a este shock, y poner en marcha un proceso bien ambicioso de producción de biofertilizantes y bioinsumos, dado que el país cuenta con la materia prima para hacerlo.
Desde la FAO, ¿cómo perciben el fenómeno de El Niño?
Ya hay predicciones, incluso, hay departamentos que ya han empezado a sufrir. FAO está generando información y datos a través de mesas agroclimáticas en distintas zonas del país, que, de alguna manera, anticipan el fenómeno para que los productores puedan poner en marcha medidas anticipatorias en los sistemas agrícolas.
También, hay que activar fuertemente los seguros agrícolas. Se debe anticipar el fenómeno lo más posible a través de mecanismos financieros y de prácticas y labores en territorio.
¿En qué está trabajando la FAO en Colombia?
Una de las principales acciones que FAO viene trabajando es el fortalecimiento de los esquemas de asociatividad con organizaciones de pequeños productores y cooperativas. Este ejercicio se viene impulsando en prácticamente 20 departamentos del país. También, trabajamos en esquemas de redes de abastecimiento de alimentos y en el impulso de procesos agroindustriales y agro logísticos, como aspectos fundamentales para mejorar la eficiencia de los sistemas agroalimentarios y la agregación de valor en origen.
Otra gran iniciativa es la de la conformación de redes de jóvenes rurales, denominados Agrogestores TIC’s. Los jóvenes se forman en el uso de tecnologías para el agro y ofrecen servicios de asistencia técnica a las organizaciones de productores. Ello les permite avanzar en la modernización de las fincas familiares y en diversificar ingresos rurales.
Respecto a los desafíos, ¿en qué se debe trabajar?
Una acción necesaria, es la coordinación de las inversiones dirigidas a las cadenas de valor. De acuerdo con un análisis de la FAO, la gran parte de la inversión público, privada y de la cooperación internacional aún se destina al eslabón primario. Por el contrario, el informe FAO-Ocde concluye sobre la necesidad de consolidar inversiones en infraestructura, comercialización y logística de las cadenas agroalimentarias, como aspecto clave para mejorar la productividad.
Debemos avanzar a la creación de ecosistemas financieros que permitan reducir el riesgo y optimizar las inversiones de los diferentes actores. FAO promueve estos procesos a través de su iniciativa ‘Hand in Hand’, en la que se identifican, a través de datos geoespaciales y de información del sector agropecuario, las zonas del país donde coinciden mayores niveles de pobreza rural y la oportunidad de incrementar la productividad. Con esta base, se fomentan escenarios de articulación de inversiones.
¿Qué implica esto?
Implica crear ecosistemas de financiamiento entre el sector público y privado, y coordinar mejor las inversiones dirigidas hacia los distintos sectores.
Por otro lado, se deben empezar a revisar los esquemas de financiamiento que van dirigidos hacia el fenómeno de El Niño, fondos verdes o de cambio climático, en general. Si bien deben fomentarse prácticas de mitigación de cambio climático, es necesario que estos fondos también puedan incluir acciones para mejorar los sistemas productivos en consonancia con los temas de conservación.
Fuente: Portafolio
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