El terremoto registrado recientemente en Venezuela volvió a poner sobre la mesa una pregunta que pocas veces se hacen los habitantes de la región Caribe colombiana: ¿qué tan preparados estamos para enfrentar un sismo de gran magnitud?
Para Carlos Arteta, profesor asociado del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad del Norte y doctor en Ingeniería Sísmica de la Universidad de California en Berkeley, la respuesta pasa por entender que la amenaza sísmica no desaparece simplemente porque los terremotos no sean frecuentes.
"Son fenómenos raros, pero cuando ocurren pueden ser devastadores. Como pasan cada cierto número de décadas o incluso siglos, la sociedad tiende a olvidarlos", explicó el experto en diálogo con EL TIEMPO.
Lo que realmente ocurrió en Venezuela
Una de las primeras teorías que circularon tras el movimiento telúrico registrado en Venezuela apuntaba a la posibilidad de un "doblete sísmico", es decir, dos terremotos de magnitud importante ocurridos de manera casi simultánea. Sin embargo, Arteta señala que los análisis más recientes apuntan a otra hipótesis.
Según explicó, la falla tectónica habría sufrido una ruptura compleja de aproximadamente 200 kilómetros de longitud, generando un fenómeno conocido como "directividad", en el que la energía sísmica se concentra hacia una dirección específica.
"Esa es una de las hipótesis que explicaría por qué La Guaira sufrió daños tan importantes. La ruptura se propagó precisamente hacia esa zona", indicó.
Para el investigador, el hecho de que parte de esa ruptura se ubicara prácticamente debajo de la ciudad incrementó considerablemente los efectos del sismo sobre las edificaciones.
¿El Caribe colombiano está subestimando el riesgo?
A juicio del especialista, existe una percepción equivocada según la cual Barranquilla y buena parte de la Costa Caribe son territorios donde los terremotos simplemente no ocurren.
"No es un fenómeno que tengamos presente porque durante nuestra vida no hemos visto un terremoto importante", señaló. Sin embargo, recordó que existen antecedentes históricos que demuestran actividad sísmica relevante en la región.
Como ejemplo citó un terremoto ocurrido en Santa Marta en 1834 que, según registros históricos, provocó la caída de estructuras importantes de la ciudad.
Actualmente, el Reglamento Colombiano de Construcción Sismorresistente (NSR-10) clasifica a Barranquilla, Cartagena y Valledupar como zonas de amenaza sísmica baja. Sin embargo, Santa Marta, Riohacha, Sincelejo y Montería están catalogadas dentro de la categoría de amenaza sísmica intermedia.
Parte de esa clasificación responde a la influencia de estructuras geológicas como la falla de Oca, ubicada entre Santa Marta y La Guajira.
El problema podrían ser las viviendas
Arteta aclaró que el riesgo sísmico no depende únicamente de la intensidad de un terremoto. En ingeniería sísmica existen tres variables principales: la amenaza, la exposición y la vulnerabilidad.
Fuente: El Tiempo
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