Fuente: Inese
La brecha de protección aseguradora frente a los riesgos climáticos ha entrado en la agenda política europea. En su discurso sobre el estado de la Unión de septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció la creación de una Alianza de Seguros Climáticos (Climate Insurance Alliance) y señaló que, actualmente, los seguros privados solo cubren alrededor del 25 % de las pérdidas por catástrofes en Europa.
Reducir esa brecha es fundamental. Ampliar la protección aseguradora puede ayudar a más hogares y empresas a recuperarse de fenómenos climáticos cada vez más graves y a limitar sus consecuencias económicas para las personas, las poblaciones afectadas y las administraciones públicas. Pero ampliar la cobertura es solo una parte del reto. Las aseguradoras también deben contar con capacidad operativa para hacer efectiva esa protección cuando muchos asegurados la necesitan al mismo tiempo.
Los incendios forestales de este verano han vuelto a mostrar con crudeza las consecuencias humanas de los fenómenos climáticos en España. Miles de personas tuvieron que ser evacuadas; otras sufrieron daños en sus viviendas o negocios y vieron alterada la vida en sus localidades. Para los afectados, la prioridad es inmediata: ponerse a salvo y, después, poder recuperarse y volver a la normalidad lo antes posible.
Estos episodios también ponen a prueba el compromiso de las aseguradoras con sus asegurados. Cuando se reciben numerosos partes de siniestro en muy poco tiempo, el reto no se limita a la rapidez con la que se pagan las indemnizaciones. La aseguradora debe ser capaz de atender ese aumento excepcional de la carga de trabajo y, al mismo tiempo, identificar los casos más urgentes, mantener la calidad del servicio y aplicar los controles necesarios.
Por tanto, si Europa quiere reducir la brecha de protección frente a los riesgos climáticos, la cobertura aseguradora y la resiliencia operativa deben avanzar de la mano.
Ampliar la protección exige capacidad de respuesta
Los incendios forestales, las inundaciones y las tormentas pueden provocar un fuerte aumento del número de siniestros en cuestión de horas. Los equipos de siniestros pueden encontrarse de pronto con miles de partes de siniestro, a menudo presentados en circunstancias difíciles y con información incompleta. Al mismo tiempo, algunos asegurados necesitan asistencia inmediata, incluido alojamiento provisional cuando su póliza lo contemple.
La dificultad está en determinar con rapidez quién necesita atención prioritaria. Hay que dar prioridad a los casos urgentes y agilizar la tramitación de los siniestros sencillos para que los tramitadores puedan dedicar más tiempo a las situaciones que requieren una valoración profesional más detenida, empatía o conocimientos especializados. Los casos más complejos o delicados deben derivarse a los profesionales adecuados. Y, pese a la presión sobre los equipos, deben mantenerse los niveles habituales de calidad y control.
La exigencia es aún mayor porque estos episodios excepcionales no detienen la actividad cotidiana de las aseguradoras. Los equipos de siniestros deben hacer frente a un incremento repentino de la carga de trabajo mientras siguen atendiendo al resto de los asegurados y gestionando los expedientes en curso.
La resiliencia operativa se convierte así en una condición esencial para cumplir el compromiso con el asegurado.
Contar con mejor información permite responder mejor
Pedir a los equipos de siniestros que trabajen más deprisa no es una solución sostenible. Las aseguradoras necesitan procesos y recursos que les permitan adaptar su respuesta cuando el volumen de siniestros aumenta de forma extraordinaria.
El punto de partida es la información. Ante una catástrofe, poder analizar y priorizar con rapidez los siniestros que se comunican puede marcar la diferencia. Las aseguradoras necesitan identificar a los asegurados que requieren ayuda urgente, distinguir los expedientes sencillos que pueden tramitarse con agilidad y asignar los casos complejos a profesionales con los conocimientos adecuados.
La tecnología y la inteligencia artificial pueden facilitar esta labor, pero su función es ayudar a los equipos, sin convertirse en un fin en sí mismas.
Utilizada de forma responsable, la IA puede ayudar a organizar y resumir la información recibida, detectar qué documentación falta, clasificar y priorizar los expedientes y reducir las tareas administrativas repetitivas. También puede contribuir a mantener los controles necesarios cuando los equipos trabajan bajo una presión excepcional, por ejemplo, señalando los casos que requieren una revisión adicional.
El objetivo no es sustituir a los profesionales en la gestión de siniestros, sino proporcionarles mejor información y más tiempo para atender las situaciones en las que su criterio es esencial.
Para quien acaba de perder su vivienda o ha visto interrumpida la actividad de su negocio, la calidad del trato recibido puede ser tan importante como la eficiencia de la tramitación.
La resiliencia empieza a construirse antes de la crisis
La capacidad de responder eficazmente a una catástrofe climática no se puede improvisar una vez iniciada la crisis. La resiliencia operativa exige reforzar la capacidad de los equipos para tomar decisiones bajo presión, manteniendo la calidad del servicio, el rigor profesional y los controles necesarios.
Depende de decisiones adoptadas con antelación: disponer de datos fiables y accesibles, definir con claridad cómo clasificar y priorizar los expedientes y cuándo derivarlos a otros profesionales, contar con sistemas capaces de absorber aumentos repentinos del volumen de trabajo y preparar a los equipos para situaciones excepcionales.
La tecnología forma parte de esa preparación, al igual que los mecanismos de gobierno y supervisión, los procesos y las personas. Las aseguradoras necesitan saber qué decisiones pueden tomarse con mayor rapidez, cuáles requieren supervisión humana y cómo mantener los niveles de calidad y control cuando las condiciones de trabajo cambian con rapidez.
Esta preparación será aún más importante si Europa logra ampliar la protección aseguradora. Si reducir la brecha permite que más hogares y empresas cuenten con un seguro, las aseguradoras también deberán estar preparadas para responder eficazmente cuando una catástrofe afecte a muchos de ellos a la vez.
En eso consiste la resiliencia operativa: en mantener una respuesta eficaz, más allá de la rapidez, sin comprometer la protección del asegurado, la calidad del servicio ni el control.
La Alianza de Seguros Climáticos propuesta por la Comisión sitúa acertadamente la protección en el centro del debate europeo sobre resiliencia climática. Pero la eficacia de esa protección dependerá, en última instancia, de la respuesta que reciban los asegurados cuando la necesiten.
Con unos riesgos climáticos cada vez más presentes, las aseguradoras tendrán que reforzar tanto la cobertura que ofrecen como su capacidad para establecer prioridades, coordinarse y responder ante situaciones excepcionales.
Reducir la brecha de protección es, por tanto, solo la mitad del reto. El sector asegurador también tendrá que responder a la confianza de miles de asegurados y de las poblaciones afectadas cuando más lo necesiten.
Fuente: Inese
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