El cambio climático ha elevado la frecuencia y severidad de fenómenos extremos como la sequía prolongada y las lluvias intensas, impactos que se traducen directamente en riesgos financieros para productores, acreedores y aseguradoras. En México, más de la mitad del territorio ha experimentado condiciones de falta de agua en años recientes, afectando sistemas productivos y aumentando la volatilidad de ingresos en el sector agroalimentario.
Modelos para cuantificar pérdidas esperadas
Banxico y otros organismos financieros han advertido que estos riesgos pueden propagarse al sistema financiero cuando no se integran adecuadamente en modelos de evaluación y precios de riesgo. La modelación de pérdidas esperadas por riesgos climáticos combina herramientas de estados financieros, datos climáticos históricos y proyecciones estocásticas.
La base son proyecciones climáticas que estiman probabilidad e intensidad de eventos extremos (sequía o exceso de lluvia) bajo distintos escenarios de cambio climático. Estos escenarios alimentan modelos estadísticos que asignan probabilidad a cada tipo de evento.
Se estiman relaciones entre condiciones climáticas y rendimiento de los cultivos. Por ejemplo, proyecciones sugieren que las sequías reducen significativamente el rendimiento esperado, lo que se traduce en menores ingresos. Estas funciones permiten calcular la severidad de la pérdida ante distintos niveles de estrés hídrico.
Los resultados climáticos se incorporan a modelos de riesgo crediticio y de seguros, como variantes de cálculo de pérdidas esperadas y mortandad de crédito que ajustan la probabilidad de incumplimiento según condiciones climáticas. Estudios recientes destacan que casi todas las instituciones de financiamiento agrícola ya consideran el cambio climático como un riesgo material que afecta la rentabilidad y solvencia de su cartera.
Herramientas como Monte Carlo o redes neuronales permiten simular miles de posibles trayectorias climáticas y productivas, cuantificando una distribución completa de pérdidas posibles, no sólo el promedio. Estas técnicas ayudan a estimar no solamente la pérdida esperada sino también la cola de la distribución, crucial para análisis de estrés financiero.
Los modelos no son fines en sí mismos: son insumos para decisiones. En un contexto como el de Sinaloa —donde la producción agrícola es intensiva y altamente sensible a variaciones climáticas— estas herramientas no sólo ayudan a mitigar pérdidas económicas, sino que son esenciales para asegurar la estabilidad financiera del sector y la seguridad alimentaria regional.
Estamos viviendo un año totalmente anómalo. Las altas temperaturas están generando más plagas de lo normal y un fuerte estrés en los cultivos, y si esta tendencia continúa, el problema del agua se va a resentir nuevamente hacia mayo o junio”, comentó Juan Espinoza, investigador en geofísica.
Aunque Sinaloa se encuentra bajo la influencia del fenómeno de La Niña, asociado con temperaturas más bajas, en esta ocasión el enfriamiento esperado no se ha presentado”, agregó.
Fuente: Debate
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