Los seguros de vida deben ampliar su perspectiva más allá de la protección en caso de fallecimiento y tener en cuenta también los riesgos financieros a los que se enfrentan quienes dedican parte de su vida al cuidado de sus familiares. Este fue uno de los principales temas de debate de la Master Class «¿Quién cuidará de quienes cuidan? La conversación que toda familia debe tener», celebrada el pasado martes (18) en el canal de la Escuela de Negocios y Seguros (ENS). El encuentro contó con la participación de Renato Gonçalves, profesor y coordinador académico de la ENS y presidente de la Sociedad Brasileña de Ciencias del Seguro (SBCS), y Luís Ricardo Araújo, profesor del Curso de Certificación Avanzada en Seguros de Personas.
Durante la charla, los expertos destacaron que el aumento de la longevidad exige una planificación financiera más amplia, especialmente en las familias en las que las personas mayores, las personas con discapacidad u otras afecciones de salud dependen continuamente de un cuidador.
Para Luís Ricardo, este escenario también cambia la forma en que el mercado debe enfocar el seguro de vida.
«No solo hay que pensar en las coberturas por fallecimiento, sino también en las coberturas por supervivencia, es decir, aquellas relacionadas con una invalidez, una enfermedad grave u otras coberturas que puedan surgir a raíz de esta necesidad, teniendo en cuenta que las personas viven más tiempo», afirmó.
Según los participantes, a menudo la planificación se centra en la persona que necesita cuidados, mientras que el cuidador acaba quedando en un segundo plano. En algunos casos, los hijos u otros familiares dejan su trabajo para cuidar de sus padres mayores, lo que compromete su propia capacidad de generar ingresos y la planificación para el futuro.
Luís Ricardo relató una experiencia familiar para ilustrar las repercusiones de esta situación. Según él, una tía dejó su trabajo para cuidar de sus padres y, posteriormente, de su propia hermana. Por ello, pasó años sin ingresos profesionales propios. Para el experto, situaciones como esta ponen de manifiesto la necesidad de pensar también en la protección financiera del cuidador.
El tema se vuelve aún más complejo en el caso de las denominadas familias atípicas, en las que uno o más miembros necesitan cuidados específicos de forma continua. Luís Ricardo, padre de una mujer atípica, explicó que, en estos casos, la dependencia puede prolongarse durante toda la vida y exige una planificación diferente a la que se observa en las familias en las que los hijos alcanzan la autonomía económica.
«Necesito esa cobertura, necesito tener en cuenta el seguro de vida, necesito tener en cuenta la previsión privada, porque ella siempre dependerá de mí. No habrá ese momento en su vida en el que se valga por sí misma, en el que sea independiente», afirmó.
En su opinión, la planificación también debe tener en cuenta la posibilidad de que el cuidador siga con vida, pero pierda de forma temporal o definitiva la capacidad de trabajar. En este contexto, coberturas como la incapacidad temporal, la invalidez y las enfermedades graves pueden ayudar a preservar los ingresos necesarios para sufragar tratamientos, terapias y otros gastos.
«Las prestaciones diarias por incapacidad temporal pueden proporcionar esos ingresos para el sustento de la familia», explicó Luís Ricardo, al tiempo que destacó que el seguro de vida puede ofrecer protección incluso a personas que no tienen dependientes económicos.
Otro punto destacado en la Master Class fue el papel del corredor de seguros a la hora de identificar estas necesidades. Para Renato Gonçalves, el profesional debe ir más allá de la simple cotización y comprender la estructura familiar, las responsabilidades financieras y los riesgos implicados.
El corredor, según él, debe actuar como un puente entre las necesidades identificadas y las soluciones disponibles en el mercado, ofreciendo una protección adecuada al perfil de cada familia.
Luís Ricardo subrayó que el profesional desempeña un papel fundamental en este proceso, sobre todo porque muchas familias no acuden al mercado de los seguros buscando específicamente protección para el cuidador. En su opinión, una forma de identificar a este público es precisamente examinar la cartera de clientes ya existente.
«Empieza por buscar dentro de tu cartera de clientes, porque quizá en algún momento nunca hayas hecho la pregunta y es poco probable que esa familia acuda a ti y te diga: “Renato, mira, tengo un hijo autista, tengo un hijo con síndrome de Down, ¿qué seguro hay?”, afirmó.
El experto defendió además que el enfoque debe basarse en preguntas y en saber escuchar, lo que permite comprender cuánto cuesta mantener los cuidados y cuáles serían las consecuencias económicas en caso de que el responsable dejara de generar ingresos.
«Hay que entender las necesidades de esa familia, en qué medida esa persona con necesidades especiales dentro de la familia supone un gasto para su cuidado», destacó.
En este contexto, el seguro de vida pasa a presentarse no solo como una protección financiera en caso de fallecimiento, sino como parte de una estrategia más amplia de continuidad de los cuidados. La previsión privada, por su parte, se presenta como una herramienta complementaria para la planificación a largo plazo, especialmente cuando la responsabilidad del cuidado persiste incluso tras la jubilación.
Para los expertos, ampliar esta visión representa también una oportunidad para que el mercado asegurador refuerce su papel social, al ayudar a las familias a prepararse para situaciones que puedan poner en peligro los ingresos, el patrimonio y la continuidad de los cuidados.
Fuente: Segs
Enlace: https://www.segs.com.br/seguros/454190-seguro-de-vida-ganha-novo-papel-diante-dos-desafios
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