Cuando se recibe el diagnóstico de una enfermedad grave, el impacto no es solo emocional. El tratamiento suele conllevar altos costos, ausentismo laboral y una presión directa sobre el presupuesto familiar. Lo que poca gente sabe es que el seguro de vida puede funcionar como un apoyo financiero inmediato en estos casos, y no solo como una protección para los familiares en caso de fallecimiento.
Hoy en día, las pólizas de seguro de vida pueden prever indemnizaciones en situaciones como cáncer, infarto, hepatitis aguda, insuficiencia renal e incluso quemaduras graves. Tan pronto como se confirma el diagnóstico de una de las enfermedades cubiertas, el asegurado recibe una indemnización en efectivo, cuyo importe se define en el momento de la contratación.
Este recurso puede utilizarse con total libertad: para sufragar medicamentos, terapias, desplazamientos, adaptar la rutina durante el tratamiento o incluso mantener al día los gastos fijos de la casa. La indemnización se paga directamente al asegurado, independientemente de que opte o no por realizar el tratamiento.
Según Marina Mota, directora de expansión del Grupo Caburé Seguros, la demanda de este tipo de cobertura está creciendo, especialmente entre las mujeres y los profesionales autónomos, que no cuentan con prestaciones laborales ni bajas remuneradas. «Muchas personas solo se dan cuenta de la importancia de esta protección cuando se enfrentan a un diagnóstico que cambia por completo su rutina y su capacidad para generar ingresos», afirma.
Los datos de la Federación Nacional de Previsión Privada y Vida (Fenaprevi) confirman esta tendencia. En el primer semestre de 2025, las primas de seguros de vida con cobertura para enfermedades graves crecieron un 18,1 % en relación con el mismo periodo del año anterior, según un estudio de la entidad basado en información de la Susep.
El funcionamiento de la cobertura es sencillo. En el momento de la contratación, la aseguradora evalúa el perfil y el riesgo del cliente, que define el valor de la indemnización deseada. La cobertura debe contratarse antes de cualquier diagnóstico. De lo contrario, la aseguradora puede caracterizarlo como mala fe y cuestionar el pago. Todo el proceso sigue las normas de la Superintendencia de Seguros Privados (Susep), lo que garantiza el respaldo jurídico al consumidor. Marina Mota refuerza que la cobertura para enfermedades graves es uno de los pilares más relevantes del seguro de vida, especialmente porque contempla todos los tipos de cáncer previstos en la póliza, además de otras enfermedades de alto impacto emocional y financiero. «La prevención y el diagnóstico precoz son fundamentales, pero también hay que tener en cuenta el impacto financiero que puede generar un tratamiento. Contar con esta protección antes de cualquier diagnóstico marca la diferencia en el momento en que la persona más lo necesita», concluye.
Fuente: Segs
Enlace: https://www.segs.com.br/seguros/438792-seguro-de-vida-vai-alem-da-morte-e-ja-cobre-cancer-e-infarto
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