En los últimos años, el mercado de los seguros ha convivido con un fenómeno que crece silenciosamente: los llamados seguros integrados. Es cuando el seguro se ofrece como parte de otra experiencia de consumo: al comprar un teléfono móvil, contratar un servicio de movilidad, suscribirse a un abono digital o adquirir un producto financiero. La promesa es sencilla: comodidad. El seguro viene "incluido", sin fricciones ni pasos adicionales.
El problema empieza cuando esta comodidad se convierte en opacidad. Mientras Brasil avanza en la construcción del Seguro Abierto -un ecosistema de datos abiertos creado para garantizar la transparencia, la competencia y el control de los ciudadanos sobre sus propios datos-, los seguros integrados crecen, en muchos casos, al margen de este entorno. El resultado es una preocupante contradicción regulatoria: el mismo mercado opera bajo dos regímenes diferentes. Uno es abierto, auditable y centrado en el interesado. El otro es cerrado, propietario y poco transparente.
Esta asimetría no es sostenible. El principio básico de toda buena regulación es sencillo: no importa cómo se llame el canal de venta, sino la función económica que cumpla. Si una operación utiliza datos de consumidores para ofrecer, tarificar, contratar y administrar seguros, produce efectos reales en el patrimonio y la vida de las personas. Por tanto, debe cumplir normas equivalentes de transparencia, consentimiento y responsabilidad, independientemente de que el seguro lo venda un corredor, un banco o esté "integrado" en un viaje digital.
Open Insurance se creó precisamente con este fin: devolver a los ciudadanos el control sobre sus datos, permitirles comparar productos, comprender la cobertura, cambiar de proveedor y tomar decisiones informadas. Cuando los seguros integrados operan fuera de este ecosistema, crean un atajo normativo. El seguro sigue existiendo, los datos siguen utilizándose, pero el titular pierde visibilidad, comparabilidad y poder de decisión.
También hay un problema de competencia. Las empresas que se adhieren al seguro abierto invierten en gobernanza, tecnología y transparencia. En cambio, los modelos integrados, al no estar sujetos a las mismas normas, pueden escalar más rápido no porque sean más eficientes, sino porque están menos expuestos a las obligaciones. Es lo que los expertos llaman arbitraje regulatorio: competir eludiendo las normas, no innovando mejor.
Otro punto delicado es el consentimiento. En los seguros integrados, el seguro suele aparecer en medio de un viaje cuyo objetivo principal no es contratar protección, sino comprar otra cosa. En estos casos, el consentimiento tiende a diluirse en largos términos y condiciones que a menudo se entienden mal. Los ciudadanos aceptan porque quieren completar la compra, no porque comprendan plenamente el seguro que están contratando. Conveniencia no puede ser sinónimo de consentimiento débil.
También está la cuestión de la portabilidad. Uno de los grandes avances de Open Insurance es que permite a los clientes llevarse sus datos y su historial donde quieran. En el modelo integrado cerrado, esto es casi siempre imposible. El seguro está ligado al canal donde se contrató. Si no se puede comparar, revisar o portar, el consumidor pierde libertad. Y cuando desaparece la libertad, la comodidad se convierte en dependencia.
Someter los seguros integrados al ecosistema Open Insurance no significa prohibir la innovación o poner un candado a los modelos digitales. Sólo significa establecer un suelo común de derechos. El seguro puede seguir integrado en el viaje, pero el consentimiento debe ser claro. Los datos deben ser accesibles para el interesado. Las condiciones esenciales deben ser transparentes. Y las responsabilidades deben ser trazables.
Esta armonización, lejos de perjudicar a los seguros integrados, protege su propia sostenibilidad. Los modelos que crecen sobre la opacidad y la asimetría informativa tienden a enfrentarse en el futuro a crisis de confianza, judicialización y reacciones reguladoras bruscas. Los que se alinean desde el principio con normas abiertas y auditables construyen reputación, estabilidad y longevidad.
La conclusión es sencilla: no tiene sentido tener un sistema de datos abierto para unos y cerrado para otros, cuando el impacto sobre los ciudadanos es el mismo. El seguro abierto debe ser la base común para la gobernanza de la información en el mercado de los seguros. Todos los modelos pueden innovar en él, incluidos los seguros integrados. Fuera de él, lo que se construye no es innovación sostenible, sino un desequilibrio que tarde o temprano pasa factura.
El futuro de los seguros no se decidirá por quién puede "incrustar" más rápido, sino por quién puede hacerlo con transparencia, confianza y respeto de los derechos del consumidor.
Fuente: Fenacor
Enlace: https://www.fenacor.org.br/noticias/seguro-embutido-precisa-entrar-no-open-insura
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