En un contexto global marcado por la creciente variabilidad climática, los productores agrícolas enfrentan riesgos cada vez más intensos y difíciles de prever. Ante esta volatilidad, los seguros paramétricos emergen como una herramienta innovadora para gestionar el riesgo climático y ofrecer protección financiera eficiente frente a fenómenos como sequías, excesos de lluvia o temperaturas extremas.
Personalización del riesgo
El contrato especifica un parámetro medible —por ejemplo, que la precipitación acumulada en una etapa crítica del cultivo sea menor a un cierto nivel— y fuentes de datos independientes como estaciones meteorológicas o sensores satelitales sirven para monitorear esa variable en tiempo real. Cuando la medición registrada cruza el umbral definido, la indemnización se genera sin necesidad de pruebas de pérdida directa en el campo, lo que reduce el tiempo de pago y los costos administrativos asociados al proceso tradicional.
Una de las ventajas más notables de este enfoque es la rapidez con que los agricultores pueden recibir apoyo financiero tras un evento climático adverso, lo cual es crítico para cubrir insumos, replantar o asegurar liquidez durante la recuperación. La transparencia de los mecanismos de activación, basados en datos públicos verificables, también contribuye a reducir las disputas entre aseguradoras y productores.
Además, los seguros paramétricos permiten una mayor personalización del riesgo: los índices pueden ajustarse a cultivos específicos, ciclos de crecimiento y condiciones locales. Esta flexibilidad los hace atractivos para pequeños y medianos productores que operan bajo climas muy diversos. Asimismo, al disminuir los costos de administración y peritaje, estos productos pueden hacer que la cobertura aseguradora sea más accesible, incentivando una mayor adopción en comunidades rurales donde anteriormente resultaba prohibitivo asegurar los cultivos.
Sin embargo, el diseño de estos seguros aún enfrenta desafíos técnicos, como el denominado ‘riesgo de base’ (basis risk): la posibilidad de que el índice no refleje con precisión la pérdida real de un agricultor en particular. Avances en modelación climática, el uso de datos satelitales de alta resolución y la combinación de múltiples variables climáticas buscan mitigar este problema y mejorar la correlación entre los índices y los impactos reales.
Carlos Bojórquez Robles es creador de contenido especializado en economía, finanzas y análisis de negocios, con una trayectoria que combina la investigación periodística con la interpretación de los fenómenos económicos nacionales y regionales. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), generación 2006-2009. Su carrera comenzó en 2008 en el semanario Portafolio, donde desarrolló un enfoque analítico hacia el entorno financiero y empresarial. A lo largo de los años ha cubierto prácticamente todas las fuentes informativas, lo que le ha permitido construir una visión integral del impacto económico en distintos sectores productivos. En 2022 regresó a El Debate, donde actualmente desempeña su labor con un énfasis en la divulgación de información económica precisa, contextual y accesible para el lector. Entre sus principales líneas de cobertura se encuentran la política monetaria del Banco de México (Banxico), la inflación, las perspectivas de crecimiento, los salarios, el empleo y el poder adquisitivo. También aborda la evolución del mercado publicitario, las inversiones en marketing, el desempeño del sector primario y los retos de la exportación ganadera, con especial atención al papel de Sinaloa en la economía nacional.
Fuente: Debate
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