La cobertura, que ya se utiliza en operaciones de financiación, préstamos y tarjetas de crédito, empieza a considerarse un instrumento relevante para aumentar la previsibilidad y la seguridad jurídica en el sistema de consorcios, que cuenta actualmente con 13 millones de participantes activos.
El seguro de prestamista comienza a ganar terreno en el mercado de los consorcios como un instrumento fundamental para la protección de los consorciados, los grupos y las administradoras. El objetivo es dotar de mayor previsibilidad al sistema, reducir los impactos y reforzar la seguridad jurídica de una modalidad que se consolida como un importante instrumento de financiación de diversos bienes.
Ya utilizado en operaciones como préstamos, financiaciones y tarjetas de crédito, el seguro de prestamista puede saldar total o parcialmente la deuda en casos como fallecimiento, invalidez o pérdida involuntaria de ingresos, según las coberturas previstas en el contrato. En la práctica, ante una situación prevista en la póliza, se presenta la reclamación a la aseguradora, que realiza el pago directamente al acreedor, promoviendo la liquidación o la amortización de la obligación.
En el sistema de consorcios, la relevancia de esta cobertura está ligada a la propia naturaleza del modelo, basado en la colectividad. «Cuando un miembro del consorcio incumple su obligación debido a un hecho imprevisible, los efectos pueden traspasar la esfera individual y afectar al flujo del fondo común, a la previsibilidad financiera y a la estabilidad del grupo», explica Silvana Simões Pessoa, abogada especializada en consorcios y gobernanza corporativa.
En este contexto, el seguro de crédito deja de ser solo una protección y pasa a considerarse un mecanismo de mitigación del riesgo, de preservación del equilibrio económico-financiero y de los intereses de la colectividad. Al mismo tiempo, la contratación de la cobertura ayuda a reducir los impactos para el miembro del consorcio y su familia en momentos de vulnerabilidad. Además de hacer que la gestión por parte de las administradoras sea más previsible.
Para Silvana, que también es presidenta de la ABAEC, la asociación que agrupa a los abogados especializados en consorcios, el tema debe ganar más protagonismo en el sector. «La contratación del seguro de prestamista puede garantizar más seguridad y continuidad a los grupos de consorcio», afirma.
Según ella, si esta práctica ya está reconocida en la financiación, tiene sentido que se generalice también en los consorcios, que hoy en día desempeñan un papel importante en la financiación de innumerables bienes, desde coches hasta viajes o bodas.
En un momento de expansión de los consorcios, impulsada por las altas tasas de interés, el sector ya se acerca a los 13 millones de participantes activos, según la ABAC (Asociación Brasileña de Administradoras de Consorcios). Con grupos más numerosos, los riesgos también aumentan. En este escenario, el seguro de crédito adquiere relevancia como instrumento de prevención, estabilidad y protección colectiva. En un entorno de normas más complejas, judicialización y búsqueda de una mayor previsibilidad económica, este tipo de herramienta tiende a ocupar un espacio cada vez mayor en la estrategia del sector.
Fuente: Revista Cobertura
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