“El modelo tradicional de seguros ya no conecta con la gente”.
La aseveración de Ricardo Acacio, líder del sector en Capgemini, no es una advertencia menor. Es el punto de partida para entender la transformación —y las limitaciones— de los seguros en México.
En entrevista exclusiva con Líder Empresarial, Acacio plantea un diagnóstico que no solo cuestiona al producto, sino a toda la lógica del sector: la industria está creciendo, pero no necesariamente está logrando ser relevante.
Y los datos lo confirman.
Crecimiento que no resuelve el problema de fondo
Desde la perspectiva operativa, la industria aseguradora muestra dinamismo.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), en 2025 el sector creció 8% en términos reales, con más de 770 mil millones de pesos en primas.
El mercado de seguros en México se expande.
Pero ese crecimiento, visto desde la óptica de Acacio, no necesariamente implica éxito estructural.
“El mercado se está moviendo muy rápido, pero las aseguradoras no están atrayendo nuevos segmentos”, advierte.
La AMIS aporta un matiz clave a esa afirmación: el crecimiento está acompañado de presión financiera. En el ramo de accidentes y enfermedades, siete de cada diez pesos se destinan al pago de siniestros.
Es decir: el sector crece, pero bajo tensión.
Y esa tensión limita su capacidad de ampliarse hacia nuevos públicos.
La desconexión con los jóvenes
Para Acacio, el problema central no es técnico ni financiero: es de percepción.
“La gente joven no quiere un seguro que la ate durante años sin ver beneficios”.
Esta ruptura generacional redefine el mercado.
Los menores de 40 años —uno de los segmentos más relevantes— no rechazan el seguro por completo, pero sí cuestionan su lógica tradicional: pagar hoy por un beneficio incierto en el futuro.
Aquí es donde el diagnóstico del regulador refuerza la idea.
La Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF) señala que la penetración de los seguros en México es de apenas 3.2% del PIB.
Además, identifica que el crecimiento de la población joven, muchas veces fuera del empleo formal, ha ampliado la brecha de cobertura.
La desconexión que describe Acacio tiene una traducción directa en los datos: millones de personas simplemente quedan fuera del sistema.
De “seguro de vida” a “seguro para vivir”
Frente a este escenario, la industria está intentando redefinirse. Acacio lo resume con claridad:
“Ya no se trata de vender seguros de vida, sino seguros para vivir”.
El cambio no es semántico. Es estructural.
Los nuevos productos buscan:
beneficios en el corto plazo
componentes de ahorro
liquidez
utilidad tangible
Este giro también es visible en el análisis de la CNSF, que identifica que el crecimiento reciente en seguros de vida ha sido impulsado por productos con componente de ahorro.
Y la AMIS refuerza su relevancia: los seguros de vida concentran el 40% de las primas del sector.
La industria ya está cambiando. Pero lo hace, en gran medida, obligada por el mercado.
Tecnología: eficiencia sin garantía de alcance
Otro eje clave en la transformación es la tecnología.
Para Acacio, la inteligencia artificial ya está generando impactos concretos:
“Hoy puedes hacer en semanas lo que antes tomaba meses”.
La eficiencia operativa —asegura— ha mejorado en más de 20%. Pero también advierte límites:
“La inteligencia artificial no reemplaza al ser humano; necesita a alguien que entienda el negocio”.
Este matiz resulta relevante cuando se contrasta con la visión del regulador.
La CNSF señala que, pese a los avances del sector, la cobertura sigue creciendo por debajo de su potencial.
Y desde la AMIS, la presión en costos y siniestralidad confirma que la eficiencia no se traduce automáticamente en accesibilidad.
La tecnología optimiza, pero no resuelve por sí sola el problema de inclusión.
Salud: donde el seguro deja de ser opcional
Hay, sin embargo, un punto donde la lógica del mercado parece imponerse: la salud.
Acacio lo plantea de forma directa:
“El seguro de salud se vuelve necesario porque los costos médicos son cada vez más altos”.
La AMIS confirma esta tendencia con cifras: el ramo de accidentes y enfermedades es uno de los que más crece.
Y la CNSF añade contexto: tras la pandemia, la demanda de seguros médicos aumentó de forma sostenida.
Pero incluso aquí aparece una contradicción.
El aumento en costos médicos —documentado por el regulador— encarece las pólizas y limita su alcance.
El seguro se vuelve indispensable… pero no necesariamente accesible.
El gran pendiente: la cultura de prevención
Para Acacio, el reto no es solo diseñar mejores productos, sino cambiar hábitos.
“Somos reactivos. Solo pensamos en seguros cuando ocurre un desastre”, señala.
La evidencia respalda su afirmación.
Eventos recientes han mostrado niveles de aseguramiento inferiores al 20% en bienes patrimoniales.
La AMIS ha intentado revertir esta tendencia mediante iniciativas de prevención y concientización, pero el cambio es lento.
La CNSF lo interpreta como parte de una brecha estructural más amplia: los riesgos existen, pero no están cubiertos.
Una industria en redefinición
El sector de seguros en México atraviesa una transformación profunda, pero incompleta.
Desde la voz de Acacio, el mensaje es claro: el problema no es solo de crecimiento, sino de relevancia. La AMIS muestra una industria activa, pero presionada. La CNSF evidencia una brecha persistente.
Y entre ambas, la lectura estratégica apunta a un cambio inevitable. El seguro ya no puede ser un producto pensado solo para el futuro.
Tiene que demostrar valor en el presente. Porque, de lo contrario, el riesgo no es solo que el mercado crezca menos… sino que deje de conectar con quienes debería proteger.
Fuente: Líder Empresarial
Enlace: https://www.liderempresarial.com/seguros-en-mexico-reinventarse-o-quedarse-fuera-del-mercado/amp/
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