En el 2025, recursos en poder de las fiduciarias superaron los $1.000 billones en activos bajo administración.
En Colombia solemos hablar de bancos, aseguradoras o cooperativas cuando pensamos en el sistema financiero, pero, existe una pieza tan estratégica como desconocida: las sociedades fiduciarias, que, aunque llevan décadas acompañando el desarrollo del país, para buena parte de los ciudadanos -incluso para empresarios y servidores públicos- sigue siendo un actor desconocido.
En este amplio mundo, es necesario empezar por entender que las sociedades fiduciarias son entidades de servicios financieros, vigiladas por la Superfinanciera, especializadas en administrar recursos y/o bienes de personas naturales o jurídicas para el logro de un propósito definido.
Éstas pueden realizar múltiples actividades, siendo los principales tres tipos de negocios: la fiducia, los Fondos de Inversión Colectiva (FIC), y la custodia de valores. Comprender cómo funcionan estos tres tipos de negocio es entender cómo se administra el ahorro y se canaliza la inversión, cómo se administran proyectos de vivienda y cómo se administran los recursos públicos.
Profundizando en la fiducia, se trata de un esquema que se constituye para que se transfieran unos bienes para su administración o enajenación y, con ello, lograr una finalidad determinada por el constituyente o fideicomitente.
Vale la pena aclarar que, en el negocio de fiducia mercantil, al transferirse los bienes, se crea un patrimonio autónomo. De esta manera, dichos bienes se destinan a cumplir con la finalidad pactada y quedan separados del patrimonio del fideicomitente, así como del patrimonio de la sociedad fiduciaria y del de los demás negocios que administre.
Ni en la fiducia, ni en los demás negocios que realizan las sociedades fiduciarias, se presta dinero ni se aseguran bienes. La esencia de la fiducia es administrar lo que se le confía.
Y en esa administración se encuentran atributos únicos, como la confianza, pues el fideicomitente o encargante busca a una sociedad fiduciaria porque confía en los conocimientos profesionales de estas entidades (sociedades de servicios financieros) para administrar los bienes y recursos conforme a la finalidad prevista y a las instrucciones que suministran los fideicomitentes.
Otros atributos son la flexibilidad, porque permite articular las diferentes partes necesarias para cumplir múltiples propósitos (inversión, administración, garantía, etc.); y la transparencia y trazabilidad, ya que todos los movimientos que hace la sociedad fiduciaria, como vocera y administradora del patrimonio autónomo, se documentan y están sometidos a vigilancia por la Superfinanciera.
Gracias a esa arquitectura, es que, mediante la administración de los negocios de fiducia, las sociedades fiduciarias contribuyen a generar impactos concretos en la vida cotidiana de la gente. En vivienda, por ejemplo, la fiducia inmobiliaria ha permitido reconstruir la confianza tras la crisis hipotecaria de los años noventa.
Hoy, es el mecanismo que articula a constructoras, bancos y compradores, administrando los recursos de quienes quieren adquirir una vivienda. Y, en lo público, las fiduciarias han administrado recursos vitales de salud y pensión, y han sido vehículo indispensable para la administración de los recursos de megaproyectos de infraestructura, como las autopistas 4G y la primera línea del
Metro de Bogotá.
Las otras dos actividades más representativas son los Fondos de Inversión Colectiva (FIC)- que permiten que cualquier persona, con montos accesibles, pueda ahorrar e invertir en portafolios diversificados sin ser expertos en finanzas- y la Custodia de Valores- un negocio mediante el cual las sociedades fiduciarias autorizadas para desarrollar esta actividad ejercen el cuidado y la vigilancia de los valores y dinero del custodiado para, posteriormente, ejecutar operaciones con estos valores.
La magnitud macroeconómica de este sector habla por sí sola. En 2009, las fiduciarias administraban recursos equivalentes al 28,7% del PIB. En 2024, alcanzaron más de $955 billones, equivalentes al 57,8% del PIB. Y este año, superaron la barrera de los $1.000 billones de pesos en activos bajo administración.
Pero, esa importancia contrasta con el desconocimiento ciudadano. Por eso, en Asofiduciarias estamos convencidos de que llegó el momento de liderar una agenda nacional de educación fiduciaria, que permita dar a conocer la relevancia del sector fiduciario en el día a día de todos los colombianos.
Fuente: Portafolio
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