Fuente: Sonho Seguro
«No hay futuro sin seguros». Con esta afirmación, Alessandro Octaviani, superintendente de la Superintendencia de Seguros Privados (Susep), impartió la conferencia principal del III Foro IRB (I+D), este miércoles, en Río de Janeiro. Pero la advertencia que impregnó su intervención fue más allá de la defensa de los seguros: ante el avance del cambio climático, el mercado privado no tendrá capacidad para absorber por sí solo los riesgos a los que se enfrenta Brasil.
La respuesta, según él, tendrá que ser colectiva e implicar una nueva arquitectura de financiación de catástrofes, que combine aseguradoras, reaseguradoras, el Gobierno, fondos públicos y privados, cooperativas y, cada vez más, el mercado de capitales.
Octaviani estructuró su reflexión a partir de la experiencia reciente de Brasil. Citó la tragedia climática en Rio Grande do Sul y otros fenómenos extremos que exigieron la movilización de aseguradoras, reguladores y autoridades públicas. En su opinión, la repetición de estas situaciones demuestra que los fenómenos que antes se consideraban excepcionales empiezan a formar parte de la gestión permanente de riesgos del país.
Los fenómenos climáticos catastróficos, afirmó, tienden a ser cada vez más frecuentes e intensos, mientras que la capacidad para predecir su magnitud y sus consecuencias sigue siendo limitada. Uno de los puntos centrales de la ponencia fue la necesidad de abandonar la visión del riesgo climático como una exposición aislada.
Octaviani argumentó que el clima pasa a interferir en la propia racionalidad del resto de riesgos asumidos por el mercado. Una inundación de grandes proporciones, por ejemplo, deja de ser solo una cuestión medioambiental o de propiedad y pasa a afectar simultáneamente a automóviles, viviendas, empresas, obras de ingeniería, infraestructuras y crédito. «El riesgo climático se infiltra en todos los demás riesgos», afirmó.
Esta conexión tiene consecuencias que van mucho más allá de las indemnizaciones. Un pequeño empresario que pierde su local y sus activos en una catástrofe, sin seguro, también puede perder el acceso al crédito, enfrentarse a dificultades con los proveedores e interrumpir su actividad.
Cuando existe cobertura y el siniestro se tramita y se indemniza rápidamente, argumentó Octaviani, la situación económica de ese empresario es completamente diferente. Es en este sentido que el seguro pasa a funcionar como una capa de resiliencia de toda la economía, evitando que una catástrofe provoque una cadena de pérdidas e incluso retrocesos en el desarrollo.
¿Quién pagará la factura de las catástrofes?
Partiendo de este diagnóstico, Octaviani planteó una de las cuestiones más complejas para los próximos años: ¿cuáles serán las fuentes de financiación capaces de hacer frente a unas pérdidas climáticas de dimensiones cada vez mayores?
Según él, la respuesta no puede consistir simplemente en transferir todo el riesgo a las aseguradoras. Octaviani contó que suele preguntar a los ejecutivos de las empresas si el mercado privado será capaz de absorber íntegramente la crisis climática. La respuesta, según él, es unánime: no.
La razón radica en la propia naturaleza de estos fenómenos. Parte de la exposición puede medirse, valorarse y transferirse al mercado. Otra parte está rodeada de tal incertidumbre, magnitud y potencial de acumulación que no puede ser absorbida íntegramente por empresas privadas que necesitan preservar el capital, la solvencia y la rentabilidad. Esto significa que será necesario establecer qué parte corresponde al mercado y cuál deberá ser asumida por otras estructuras de financiación. Los fondos públicos, los mecanismos cooperativos, los recursos presupuestarios y otras alternativas deberán formar parte de este diseño.
Octaviani utilizó la tragedia de Rio Grande do Sul para demostrar por qué este debate no puede posponerse. Cuando una población se ve afectada por una catástrofe de grandes proporciones, con víctimas mortales y destrucción de viviendas, empresas e infraestructuras, los gobiernos no pueden limitarse a no actuar porque los daños no estuvieran asegurados. «Las autoridades públicas reaccionarán», afirmó.
En la práctica, el Estado central, los estados y los municipios acaban desviando recursos que se habrían destinado a otras políticas para financiar la emergencia y la reconstrucción. Por ello, en opinión del superintendente, debatir de antemano los mecanismos de financiación de las catástrofes es también debatir sobre la calidad del gasto público.
Recordó que los recursos destinados a la prevención pueden evitar desembolsos mucho mayores tras la catástrofe. La cuestión deja, por tanto, de ser meramente de carácter asegurador para entrar definitivamente en la agenda fiscal y económica del país.
La primera propuesta presentada por Octaviani es avanzar en la elaboración de una estrategia nacional de resiliencia financiera y de seguros, capaz de preparar a Brasil para eventos catastróficos a corto, medio y largo plazo. La Susep considera que el trabajo realizado por el grupo dedicado a los seguros contra catástrofes, que reunió a representantes del mercado y de diferentes instituciones, constituye un punto de partida.
Según Octaviani, el informe recoge experiencias brasileñas, referencias internacionales y diferentes sugerencias de mecanismos que podrán alimentar el debate. La intención no es presentar una solución definitiva, sino someter las alternativas a debate y movilizar a las aseguradoras, las reaseguradoras, el Gobierno, el mundo académico y demás agentes en torno a una política a largo plazo.
Otro frente será ampliar el número y la diversidad de agentes capaces de ofrecer protección. Octaviani relacionó esta agenda con los recientes cambios en el mercado brasileño, entre ellos la incorporación de las cooperativas al sistema regulado y la regulación de las sociedades de protección patrimonial mutualista.
La entrada de nuevos participantes, sumada al desarrollo de productos por parte de las aseguradoras tradicionales, debería contribuir a ampliar la proporción de la población y de las empresas que cuentan con algún mecanismo de protección. Pero aumentar la oferta representa solo una parte de la solución. Cuanto mayor sea la concentración de riesgos climáticos en las carteras, mayor será también la necesidad de dispersarlos hacia otros mercados e inversores.
El reaseguro y el mercado de capitales entran en la ecuación
Es en este punto donde Octaviani destacó el papel estratégico del reaseguro y la retrocesión. El reaseguro permite a las aseguradoras transferir parte de las exposiciones asumidas y ampliar su capacidad para ofrecer cobertura. Ante riesgos catastróficos, esta función cobra aún más importancia, ya que una sola compañía no puede concentrar pérdidas que podrían ascender a miles de millones.
Pero el diseño propuesto por la SUSEP no se limita al reaseguro. Octaviani defendió también un mayor acercamiento al mercado de capitales, creando nuevas posibilidades para distribuir los riesgos entre los inversores. Brasil ya cuenta, por ejemplo, con la Letra de Risco de Seguro (LRS), un instrumento que permite transferir determinados riesgos de seguros al mercado de capitales.
La lógica consiste en ampliar las fuentes de capital disponibles para hacer frente a eventos de gran magnitud: una parte se queda en las aseguradoras, otra se transfiere a las reaseguradoras y retrocesionarias, y otra podría llegar a los inversores.
Octaviani concluyó la ponencia subrayando que ninguna de estas soluciones puede construirse de forma aislada. «Se trata de una tarea colectiva», resumió. La SUSEP no podrá llevarla a cabo por sí sola. Tampoco el Ministerio de Hacienda, las aseguradoras, las reaseguradoras ni los gobiernos. El reto consistirá en definir cómo repartir los riesgos y las responsabilidades antes de que se produzcan las próximas catástrofes, establecer fuentes permanentes de financiación, ampliar la oferta de protección y crear mecanismos capaces de dispersar las exposiciones que ya no caben únicamente en los balances de las aseguradoras.
Si el riesgo climático tiende a convertirse en estructural, la protección contra sus efectos también tendrá que convertirse en estructural. Es en este sentido donde la provocación que da título a la conferencia de Octaviani adquiere una dimensión económica: no hay futuro sin seguros, pero tampoco habrá seguros capaces de afrontar por sí solos el futuro que está dibujando el cambio climático.
Fuente: Sonho Seguro
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