Hoy, los seguros han evolucionado para acompañar al viajero en todo momento, convirtiéndose en una herramienta clave para disfrutar con tranquilidad.
Viajar se consolidó como una de las principales prioridades de los colombianos. Ya no se trata solo de vacaciones ocasionales, sino de una forma de desconectarse, invertir en bienestar y construir experiencias. Temporadas como la Semana Santa lo evidencian: miles de personas salen del país hacia destinos como Estados Unidos, España, México o Panamá, mientras millones más se movilizan dentro del territorio nacional.
Las cifras lo respaldan. Según la Asociación Colombiana de Agencias de Viaje y Turismo (Anato), en 2025 se registraron más de 612.000 movimientos migratorios, con cerca de 312.000 salidas internacionales, y para 2026 se proyecta un crecimiento de entre el 5 y el 9 por ciento.
Sin embargo, detrás de este auge hay un factor que suele subestimarse: el riesgo.
“Muchas personas planean el destino, el presupuesto y el itinerario, pero no contemplan qué pasaría si algo se sale del plan”, explica Giovanni Grosso, vicepresidente de Distribución y Ventas en Allianz Colombia. “Hoy un seguro de viaje no es solo una respuesta ante una emergencia, es un acompañamiento permanente”, dice.
Esa transformación es clave para entender el rol actual de los seguros. Tradicionalmente asociados a accidentes o enfermedades, hoy incluyen coberturas diseñadas para situaciones mucho más cotidianas del viajero moderno.
Entre estas se destacan servicios como traducción en tiempo real, especialmente útil en destinos donde el idioma representa una barrera; orientación legal en el exterior, en caso de enfrentar situaciones jurídicas; y asistencia en la localización de servicios médicos, que permite acceder a centros adecuados sin improvisar.
También cobran relevancia coberturas como el apoyo ante pérdida de documentos, el seguimiento y recuperación de equipaje extraviado y, en casos más críticos, servicios de búsqueda y rescate.
Estas soluciones se complementan con las coberturas tradicionales: atención médica por enfermedad o accidente, suministro de medicamentos, traslados de emergencia, repatriación, urgencias odontológicas y compensaciones económicas por pérdida o daño de equipaje. En algunos productos, incluso, se contemplan coberturas de enfermedades preexistentes hasta en un ciento por ciento, algo que no se tenía antes.
Además del alcance de estas coberturas, la infraestructura también marca la diferencia. Redes globales de atención médica, disponibilidad 24/7 y canales de contacto como líneas internacionales o plataformas digitales permiten que el acompañamiento sea inmediato, sin importar el destino.
Pero el análisis no se limita a viajes internacionales. Dentro del país, el panorama también exige atención. Solo en esta temporada de descanso, se estima que salieron más de 2,5 millones de vehículos desde Bogotá, lo que incrementa de forma significativa los riesgos en carretera.
De hecho, en 2025 se registraron cerca de 460 siniestros y 128 personas fallecidas durante esta temporada, cifras que evidencian cómo un imprevisto puede escalar rápidamente a una situación crítica.
Desde una perspectiva financiera, el impacto puede ser aún mayor. Según la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares del Dane (2025), el 47,8 por ciento del gasto de las familias colombianas se destina a cubrir necesidades básicas, lo que deja un margen reducido para asumir costos inesperados.
“En la mayoría de los casos, el problema no es el gasto cotidiano, sino la incapacidad de responder ante eventos imprevistos”, señala Carlos Mitnik, presidente de MetLife Colombia. “Ahí es donde la protección financiera cobra sentido”.
En este contexto, los expertos coinciden en que adquirir un seguro no debería ser una decisión secundaria. Por el contrario, forma parte de la planeación integral de cualquier viaje.
Mitnik plantea tres recomendaciones clave para evitar improvisaciones si se llega a presentar un hecho inesperado. Por ejemplo, elegir coberturas según el tipo de viaje, pues no es lo mismo un viaje corto que uno de larga duración, ni un destino urbano que uno de aventura.
También es fundamental revisar el alcance real del seguro: más allá del precio, es clave entender qué cubre, sus límites y exclusiones.
Otra recomendación es optar por aseguradoras con respaldo: la capacidad de respuesta en momentos críticos depende de la experiencia y red de atención de la compañía.
A esto se suma una recomendación básica, pero muchas veces ignorada: integrar el seguro dentro del presupuesto del viaje, al mismo nivel que el transporte o el hospedaje. Incluso, contemplarlo como parte de un “fondo de respaldo” que permita enfrentar eventualidades sin afectar la estabilidad económica del hogar.
En un entorno donde viajar implica más conexiones, más movilidad y también más exposición a riesgos, los seguros dejaron de ser un “extra” para convertirse en una herramienta de prevención.
Porque, al final, no se trata solo de proteger un activo o cumplir un requisito. Se trata de garantizar que, pase lo que pase, el viaje siga siendo lo que debe ser: una experiencia para disfrutar, no una preocupación que resolver.
Fuente: El Tiempo
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