En México, donde los fenómenos climáticos extremos son ya parte de la vida cotidiana, la contratación de seguros se ha convertido en una herramienta estratégica para garantizar la continuidad operativa y el desarrollo sostenible, más que en un gasto discrecional.
La temporada de huracanes y lluvias intensas registrada este año confirma que estos eventos dejaron de ser excepcionales. De acuerdo con especialistas, el impacto del cambio climático se manifiesta en la mayor frecuencia, intensidad y devastación de los fenómenos meteorológicos que afectan a comunidades, empresas y gobiernos, poniendo también a prueba la capacidad de respuesta del sector asegurador.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. En 2024, los fenómenos hidrometeorológicos concentraron el 83.6% de las pérdidas económicas por desastres en México, según datos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED). El dato evidencia la urgencia de fortalecer mecanismos de prevención, gestión de riesgos y aseguramiento.
Para las aseguradoras, este entorno representa un cambio estructural. Los modelos tradicionales de evaluación de riesgo, basados en patrones históricos, se vuelven menos precisos ante la creciente imprevisibilidad de los siniestros. Huracanes con rápida intensificación, lluvias torrenciales en zonas antes consideradas de bajo riesgo y sequías prolongadas están modificando el mapa de vulnerabilidades en el país.
Uno de los ejemplos más recientes es el huracán Otis, considerado uno de los eventos más costosos en la historia para el sector asegurador, con un impacto superior a 2,125 millones de dólares, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS). Este fenómeno se suma a una tendencia observada en otras naciones altamente expuestas a huracanes, que reportan incrementos similares en pérdidas económicas.
Ante este panorama, expertos destacan la necesidad de invertir en infraestructura resiliente, promover la cultura de prevención y fortalecer los mecanismos de aseguramiento como elementos clave para proteger vidas, patrimonio y estabilidad económica.
Sin embargo, la protección aún es limitada. Menos de la mitad de los 5.5 millones de negocios en México cuenta con un seguro contra riesgos climáticos, según el Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño y la Empresa Familiar (CONCOMERCIO). La combinación de alta exposición y baja cobertura representa una amenaza económica y social: cada empresa sin protección es un posible cierre y una familia sin ingresos.
El desafío para las aseguradoras implica redefinir estrategias de cobertura y reaseguro, incorporando herramientas como análisis de datos climáticos, modelación predictiva e inteligencia artificial. Paralelamente, especialistas consideran indispensable fortalecer la cultura de prevención tanto en el sector público como en el privado para reducir la brecha de aseguramiento.
En un país donde el riesgo climático es permanente, los seguros se consolidan como un instrumento esencial de resiliencia. El clima seguirá cambiando; lo relevante ahora es que sociedad y sector asegurador aprendan a anticiparse, adaptarse y protegerse.
Fuente: El Financiero
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